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El hombre de la máscara de hierro (Alejandro Dumas) - pág.110

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Pero, en vez de la cara del rey, a quien iba a saludar con el mayor respeto, vio la impasible fisonomía de Herblay.
-¡Aramis! -exclamó D´Artagnan, -dijo fríamente el prelado.
-¡Aquí! -balbuceó el mosquetero.
-Su majestad os ruega que anunciéis que está descansando, pues ha pasado muy mala noche.
-¡Ah! -exclamó D´Artagnan, que no acertaba a explicarse cómo el obispo de Vannes, tan indiferente para el rey la víspera, en seis horas se hubiese convertido en el más corpulento hongo que se hubiese producido en el pasillo de una alcoba real.
En efecto, para transmitir en el umbral del dormitorio del monarca la voluntad de éste, para servir de intermediario a Luis XIV, y ordenar en su nombre. a dos pasos de él, era preciso haber llegado adonde nunca llegó Richelieu con Luis XIII.
-Además -continuó Aramis, -cuidaréis, señor capitán, de que esta mañana sólo admitan las entradas, pues su majestad quiere dormir algún tiempo más.
-Pero -objetó D´Artagnan, pronto a atufarse, y sobre todo, a manifestar las sospechas que le inspiraba el silencio del rey; - pero, señor obispo, su majestad me dio cita para esta mañana.
-Más tarde, más tarde -dijo el rey desde el interior de la alcoba.
Al oír aquella voz, D´Artagnan sintió una corriente de hielo en las venas, y se inclinó atontado, como quien ve visiones, ante la sonrisa con que Aramis le anonadó luego de proferidas aquellas palabras.
-Y en respuesta de lo que veníais a preguntar al rey -prosiguió el obispo, -aquí va una orden concerniente al señor Fouquet y de la cual os enteraréis inmediatamente.
-¿Una orden de libertad? -dijo el gascón, tomando la que Aramis le tendió.
Aquella orden le explicaba la presencia de Aramis en el dormitorio del rey.
D´Artagnan, a quien le bastaba comprender algo para comprenderlo todo, saludó y avanzó dos pasos para marcharse.
-Os acompaño -dijo Herblay.
-¿Adónde?
-Al aposento del señor Fouquet; quiero gozar de su contento.
-¡Si supierais lo que habéis dado que pensar! -repuso D´Artagnan.
-Pero ahora comprendéis, ¿no es así? -replicó Herblay.
-¡Pues no he de comprender! -respondió en voz alta el mosquetero. Y entre sí añadió: -Pues no comprendo ni pizca; pero lo mismo da, aquí traigo la orden. -Luego dijo al prelado: Adelante, monseñor.
D´Artagnan condujo a Aramis al dormitorio de Fouquet.

EL AMIGO DEL REY

Fouquet aguardaba con ansiedad, y ya había despedido a algunos servidores y amigos suyos que, anticipándose a la hora de sus acostumbradas recepciones, acudieron a su puerta.


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