El hombre de la máscara de hierro (Alejandro Dumas) - pág.107
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Esta cama yo la habría usado si Luis XIV no me lo hubiese impedido con el crimen de nuestra madre; sólo yo habría tenido derecho a servirme de este pañuelo con el escudo de Francia, si, como dice el señor de Herblay, me hubiesen dejado en mi sitio en la cuna real... ¡Felipe, hijo de Francia, sube a tu cama! ¡Felipe, único rey de Francia, recobra tu blasón! ¡Felipe, único heredero presunto de Luis XIII, tu padre, no tengas compasión para el usurpador, que en este instante ni siquiera siente remordimiento alguno por lo que te ha hecho padecer!
Dicho esto, Felipe, a pesar de la repugnancia instintiva de su cuerpo, y de los estremecimientos y del terror vencidos por la voluntad, se acostó en la cama real.
Al descansar la cabeza en la mullida almohada, Felipe divisó, encima de él, la corona de Francia, sostenida, como hemos dicho, por el ángel de las alas de oro.
Contemplad al real intruso, de mirada sombría y cuerpo tembloroso; parece tigre extraviado durante la noche de tormenta, que al través de cañaverales y de incógnitos barrancos, va a acostarse en la caverna del león ausente.
Puede uno alentar la ambición de acostarse en el lecho del león, pero no esperar dormir tranquilo en él.
Felipe prestó oído atento a todos los rumores, dejó que su corazón oscilase al soplo de todos los sobresaltos; pero fiado en su energía, redoblada por la exageración de su resolución suprema, aguardó sin debilidad que se presentase una circunstancia decisiva para juzgarse a sí mismo.
Pero nada sobrevino.
Hacia la madrugada, una sombra se deslizó en el dormitorio real, sombra que no causó sorpresa alguna a Felipe, tanto más cuanto que la esperaba.
-¿Y bien, señor de Herblay? -dijo el príncipe.
-Todo ha concluido, sire.
-¿Qué ha pasado?
-Lo que esperábamos.
-¿Ha resistido?
-Encarnizadamente; ha llorado y dado gritos.
-¿Y después?
-Ha sobrevenido el estupor.
-¿Y por fin?
-Por fin, victoria completa y silencio absoluto.
-¿Sospecha algo el gobernador de la Bastilla?
-Nada.
-¿Y el parecido?
-Es el que ha determinado el buen éxito de la empresa.
-Sin embargo, no olvidéis que el preso no puede menos de explicarse, como yo pude hacerlo no obstante haberme visto obligado a combatir un poder incomparablemente más fuerte que el mío.
-Ya lo he previsto todo. Dentro de algunos días, más pronto si lo exigen las circunstancias, sacaremos de su prisión al cautivo y lo desterraremos a un punto tan lejano.
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