El hombre de la máscara de hierro (Alejandro Dumas) - pág.47
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Abreviadle su suplicio proporcionadle sin más tardar la-alegría que le espera, y Dios os recompensará.
-¿Os empeñáis?
-Os lo ruego.
-¿Así, en lo mejor de la cena?
-Sí, y vuestra acción será la bendición de vuestra mesa.
-Cúmplase vuestra voluntad; pero os advierto que comeremos frío.
-No importa.
-Baisemeaux se echó atrás para tirar del cordón de la campanilla y llamar a Francisco y por un movimiento natural, se volvió hacia la puerta.
Como la orden estaba sobre la mesa, Aramis aprovechó aquel instante para trocarla con otro papel doblado de la misma manera y que sacó de su bolsillo.
-Francisco, dijo el gobernador, -que suba aquí el mayor con los llaveros de la Bertaudiére.
El ordenanza hizo una reverencia con la cabeza, y dejó solos a los dos comensales.
EL GENERAL DE LA ORDEN
Durante unos instantes ambos guardaron el mayor silencio, durante el cual Aramis no perdió de vista al gobernador, que al parecer no estaba muy decidido al interrumpir su cena, y que era evidente buscaba una razón cualquier, buena o mala, para retardar el cumplimiento de la orden, a lo menos hasta después de los postres.
-¡Ah caramba! -exclamó de improviso Baisemeaux, como si hubiese encontrado lo que buscaba, no puede ser.
-¿Qué es lo que no puede ser? -preguntó Aramis.
-El dar suelta al preso al esta hora. ¿Adónde irá si no conoce París?
-Adonde pueda.
-Ya lo veis, sería lo mismo que libertar a un ciego.
Ahí fuera me aguarda una carroza, y yo me encargo de conducirlo adonde quiera.
-Para todo tenéis respuesta... ¡Francisco!... al mayor que vaya abrir el calabozo del señor Seldón, número 3 de la Bertaudiére.
-¿Seldón, decís? -preguntó con la mayor naturalidad el obispo. -Sí, es el nombre del individuo al quien ponen en libertad.
-Querréis decir Marchiali, -replicó Aramis.
-¿Marchiali? ¡Je! ¡Je! Seldón.
-Tengo para mí que os engañáis, señor de Baisemeaux.
-Como que he leído la orden...
-Y yo también.
-Y en ella he visto Seldón en letras gordas, así, -repuso el gobernador mostrando un dedo.
-Pues yo he visto Marchiali en letras así, -replicó Aramis alzando dos dedos.
-Aclarémoslo inmediatamente, -dijo Baisemeaux, plenamente convencido de lo que afirmaba. -Basta leer el papel; aquí esta, -¿Veis como dice Marchiali? -dijo Herblay desdoblando el papel. -Mirad.
-Es verdad, -respondió el gobernador con ademán de terror y dejando caer los brazos.
-¿No os lo dije?
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