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El hombre de la máscara de hierro (Alejandro Dumas) - pág.34

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-Aquí está el retrato, -replicó el obispo entregando al preso un artístico esmalte en el cual se veía la imagen de Luis XIV, altivo, gallardo, viviente, por decirlo así.
El preso tomó con avidez el retrato y fijó en él los ojos cual si hubiese querido devorarlo.
-Y aquí tenéis un espejo, monseñor, -dijo Herblay, dejando al joven el tiempo necesario para anudar sus ideas.
-¡Tan encumbrado! ¡tan encumbrado! - murmuró el preso devorando con la mirada el retrato de Luis XIV y su propia imagen reflejada en el espejo.
-¿Qué opináis? -preguntó entonces Aramis.
-Que estoy perdido, -respondió el joven, -que el rey nunca me perdonará.
-Pues yo me pregunto, -replicó el obispo fijando en el preso una mirada brillante y significativa, -cuál de los dos es el rey, si el que representa el retrato, o el que refleja ese espejo.
-El rey es el que se sienta en el trono, que no estás preso, y que, al contrario manda aprisionar a los demás. La realeza es el poder, y ya veis que yo no tengo poder alguno.
-Monseñor, -dijo Herblay con respeto más profundo que hasta entonces, -tened por entendido que, si queréis, será el rey el que, al salir de la prisión sepa sostenerse en el trono en el que le colocarán sus amigos.
-No me tentéis, -dijo con amargura el cautivo.
-No flaqueéis, monseñor, -persistió con energía el obispo. -He traído todas las pruebas de vuestra cuna, consultadlas, demostraos a vos mismo que sois hijo del rey, y, después, obremos.
-No, es imposible.
-A no ser que, -añadió con ironía el prelado, -sea corriente en vuestra estirpe que los príncipes excluidos del trono sean todos ellos cobardes y sin honor, como vuestro tío Gastón de Orleans. que una y otra vez conspiró contra su hermano el rey Luis XIII.
-¿Mi tío Gastón de Orleans conspiró contra su hermano? -exclamó el príncipe despavorido; -¿conspiró para destronarlo?
-Sí, monseñor.
-¿Qué me decís?
-La pura verdad.
-¿Y tuvo amigos... fieles?
-Como yo lo soy vuestro.
-¿Y sucumbió?
-Sí, monseñor, pero por su culpa, y para rescatar, no su vida, porque la vida del hermano del rey es sagrada, inviolable, sino para rescatar su libertad, vuestro tío sacrificó hoy, el baldón de la historia y la execración de innumerables familias nobles del reino.
-Comprendo, -repuso el príncipe. -y mi tío ¿mató a sus amigos por debilidad o por traición?


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