El hombre de la máscara de hierro (Alejandro Dumas) - pág.32
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-¡Ah! ahora comprendo, -exclamó Aramis.
-Desde aquel instante no puedo hablar sino por conjeturas. Es indudable que mi pobre ayo y mi desventurada nodriza, no atreviéndose a guardar el secreto de lo que pasó, se lo escribie ron a la reina, enviándole al mismo tiempo los pedazos de la carta.
-Después de lo cual os arrestaron y os trasladaron a la Bastilla.
-Ya lo veis.
-Y vuestros servidores desaparecieron.
-¡Ay sí.
-Dejemos a los muertos, -dijo el obispo de Vannes, -y veamos qué puede hacerse con el vivo. ¿No me habéis dicho que estabais resignado?
-Y os lo repito.
-¿Sin que os importe la libertad?
-Sí.
-¿Y que nada ambicionabais ni deseabais? ¡Qué! ¿os callais?
-Ya he hablado más que suficiente, -respondió el preso. -Ahora os toca a vos. Estoy fatigado.
-Voy a obedeceros, -repuso Aramis. Se recogió mientras su fisonomía tomaba una expresión de solemnidad profunda. Se veía que había llegado al punto culminante del papel que fuera a representar en la Bastilla.
-En la casa en que habitabais, -dijo por fin Herblay, -no había espejo alguno, ¿no es verdad?
-¿Espejo? No entiendo qué queréis decir, ni nunca oí semejante palabra, -repuso el joven.
-Se da el nombre de espejo al un mueble que refleja los objetos, y permite, verbigracia, que uno vea las facciones de su propia imagen en un cristal preparado, como vos veis las mías a simple vista.
-No, no había en la casa espejo alguno.
-Tampoco lo hay aquí, -dijo Aramis después de haber mirado a todas partes; -veo que en la Bastilla se han tomado las mismas precauciones que en Noisy-le-Sec.
-¿Con qué fin?
-Luego lo sabréis. Me habéis dicho que os habían enseñado matemáticas, astronomía, esgrima y equitación; pero no me habéis hablado de historia.
-A veces mi ayo me contaba las hazañas del rey san Luis, de Francisco I y de Enrique IV.
-¿Nada más?
-Casi nada más.
-También esto es hijo del cálculo; así como os privaron de espejos, que reflejan lo presente, han hecho que ignoréis la historia, que refleja lo pasado, Y como desde que estáis preso os han quitado los libros, desconocéis muchas cosas con ayuda de las cuales podríais reconstruir el derrumbado edificio de vuestros recuerdos o de vuestros intereses.
-Es verdad, -dijo el preso.
-Pues bien, en sucintos términos voy al poneros al corriente de lo que ha pasado en Francia de veintitrés a veinticuatro años a esta parte, es decir la fecha probable de vuestro nacimiento, o lo que es lo mismo, desde el momento que os interesa.
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