Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > El hombre de la máscara de hierro (Alejandro Dumas)

El hombre de la máscara de hierro (Alejandro Dumas) - pág.24

Indice General | Volver

Página 24 de 295



-Quiero decir, -prosiguió Aramis, -que me ocultasteis lo que de vuestra infancia sabíais.
Cada cual es dueño de sus secretos, caballero, y no debe haber almoneda de ellos ante el primer advenedizo.
Es verdad, -contestó Aramis inclinándose profundamente, -perdonad; pero ¿todavía hoy soy para vos un advenedizo? Os suplico que me respondáis, «monseñor». Este titulo causó una ligera turbación al preso; sin embargo, pareció no admirarse de que se lo diesen.
-No os conozco, caballero, -repuso el joven. -¡Ah! Sí yo me atreviera, -dijo Herblay, -tomaría vuestra mano y os la besaría.
El cautivo hizo un ademán como para dar la mano a Aramis, pero el rayo que emanó de sus pupilas se apagó en el borde de sus párpados, y su mano se retiró fría y recelosa.
-¡Besar la mano de un preso! -dijo el cautivo moviendo la cabeza; -¿para qué?
-¿Por qué me habéis dicho que aquí os encontrabais bien, -preguntó Aramis, -que a nada aspirabais? En una palabra, ¿por qué, al hablar así, me vedáis que a mi vez sea franco?
De las pupilas del joven emanó un tercer rayo; pero, como las dos veces anteriores, se apagó sin más consecuencias.
-¿Receláis de mí? -preguntó el prelado.
-¿Por qué recelaría de vos?
-Por una razón muy sencilla, y es que si vos sabéis lo que debéis saber, debéis recelar de todos.
-Entonces no os admire mi desconfianza, pues suponéis que sé lo que ignoro.
-Me hacéis desesperar, monseñor, -exclamó Aramis asombrado de tan enérgica resistencia y descargando el puño sobre su sillón.
-Y yo no os comprendo.
-Haced por comprenderme.
El preso clavó la mirada en su interlocutor. En ocasiones, -prosiguió Herblay, -pienso que tengo ante mí al hombre a quien busco... y luego...
-El hombre ese que decís, desaparece, ¿no es verdad? -repuso el cautivo sonriéndose.
-Más vale así.
-Decididamente nada tengo que decir a un hombre que desconfía de mí hasta el punto que vos, -dijo Aramis levantándose.
-Y yo, -replicó en el mismo tono el joven, -nada tengo que decir al hombre que se empeña en no comprender que un preso debe recelar de todo.
-¿Aun de sus antiguos amigos? Es un exceso de prudencia, monseñor.
-¿De mis antiguos amigos, decís? ¡Qué! ¿vos sois uno de mis antiguos amigos?
-Vamos a ver, -repuso Herblay,-¿por ventura ya no recordáis haber visto en otro tiempo, en la aldea donde pasasteis vuestra primera infancia.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-250   251-295  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados