El hombre de la máscara de hierro (Alejandro Dumas) - pág.17
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-¿No es ese el texto del compromiso? -prosiguió tranquilamente Herblay.
-Monseñor...
-Parece que empieza a aclararse vuestra mente.
-Monseñor -dijo Baisemeaux, -no os burléis de la pobreza de mi inteligencia; yo ya sé que en lucha con la vuestra, la mía nada vale si os proponéis arrancarme los secretos de mi administración.
-Desengañaos, señor de Baisemeaux; no tiro a los secretos de vuestra administración, sino a los de vuestra conciencia.
-Concedo que sean de mi conciencia, señor de Herblay; pero tened en cuenta mi situación.
-No es común si estáis afiliado a esa sociedad -prosiguió el inflexible Herblay; -pero si estáis libre de todo compromiso, si no tenéis que responder más que al rey, no puede ser más natural.
-Pues bien, señor de Herblay, no obedezco más que al rey, porque ¿a quién sino al rey debe obedecer un caballero francés?
-Grato, muy grato es para un prelado de Francia -repuso Aramis con voz suavísima, -oír expresarse con tanta lealtad a un hombre de vuestro valer.
-¿Habéis dudado de mí, monseñor?
-¿Yo? No.
-¿Luego no dudáis?
-¿Cómo queréis que dude que un hombre como vos no sirva fielmente a los señores que se ha dado voluntariamente a sí mismo?
-¡Los señores! -exclamó Baisemeaux.
-Los señores he dicho.
-¿Verdad que continuáis chanceándoos, señor de Herblay?
-Tener muchos señores en vez de uno, hace más difícil la situación, lo concibo; pero no soy yo la causa del apuro en que os halláis, sino vos, mi buen amigo.
-Realmente no sois vos el causante -repuso el gobernador en el colmo de la turbación. -Pero ¿qué hacéis? ¿Os marcháis?
-Sí.
-¡Qué raro os mostráis para conmigo, monseñor!
-No por mi fe.
-Pues quedaos.
-No puedo.
-¿Por qué?
-Porque ya nada tengo que hacer aquí y me llaman a otra parte.
-¿Tan tarde?
-Tan tarde.
-Pensad que en la casa de la cual he venido, me han dicho: «Cuando lo reclamen las circunstancias y a petición del preso, el mencionado capitán o gobernador de fortaleza permitirá la entrada a un confesor afiliado la orden. He venido, me he explicado, no me habéis comprendido, y me vuelvo para decir a los que me han enviado que se han engañado y que me envíen a otra parte.
-¡Cómo! ¿vos sois...? -exclamó Baisemeaux mirando a Aramis casi con espanto.
-El confesor afiliado a la orden -respondió Aramis sin modificar la voz.
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