El hombre de la máscara de hierro (Alejandro Dumas) - pág.14
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-Pues partamos -exclamó Athos inmediatamente.
-¿Y el señor de D´Artagnan?
-Sólo acompañaba a Athos hasta aquí; me vuelvo a París con Porthos.
-Corriente -dijo éste.
Acercaos, hijo mío -añadió el conde ciñendo suavementay con su brazo el cuello de Raúl para atraerlo a la carroza, y dándole un nuevo beso. Y volviéndose hacia Grimaud, prosiguió -Oye, te vuelves a París con tu caballo y el del señor de Vallón; Raúl y yo subimos a caballo aquí, y dejamos la carroza a esos dos caballeros para que tornen a la ciudad. Una vez en mi casa, reúne mis ropas y mis cartas, y envíamelas a Blois.
-Señor conde -dijo Raúl, que ardía en deseos de hacer hablar a su padre, -ved que si volvéis a París no hallaréis en vuestra casa ropa blanca ni cuanto es necesario, y eso os será por demás incómodo.
-Creo que tardaré mucho tiempo en volver, Raúl. Nuestra última estancia en París no me alienta a volver.
Raúl bajó la cabeza y no habló más.
Athos se bajó de la carroza y montó el caballo de Porthos.
Después de mil abrazos y apretones de manos, y de reiteradas protestas de amistad imperecedera, y de haber Porthos prometido pasar un mes en casa de Athos tan pronto se lo permitieran sus ocupaciones, y Atagnan ofrecido aprovechar su primera licencia, este último abrazó a Raúl por la postrera vez, y le dijo:
-Hijo mío, te escribiré.
¡Qué no significaban estas palabras de D´Artagnan, que nunca escribía! A ellas, el vizconde se sintió enternecido, y, no pudiendo refrenar las lágrimas, se soltó de las manos del mosquetero y partió.
D´Artagnan, subió a su carroza, en la cual ya se había instalado Porthos.
-¡Qué día, mi buen amigo! -exclamó el gascón.
-Ya podéis decirlo -replicó Porthos.
-Debéis estar quebrantado.
-No mucho. Sin embargo, me acostaré temprano, a fin de estar mañana en buenas disposición.
-¿Para qué?
-Para dar fin a lo que he empezado.
-Me dais calambres, amigo mío. ¿Qué diablos habéis empezado que no esté concluido?
-¡Hombre! como Rául no se ha batido, fuerza es que yo me bata.
-¿Con quién? ¿con el rey?
-¡Como con el rey! -exclamó Porthos, en el colmo de la estupefacción.
-Con el rey he dicho.
-¡Ca, hombre! con quien voy a batirme yo es con Saint-Aignán, lo hacéis contra el rey.
-¿Estáis seguro de lo que afirmáis? -repuso Porthos abriendo desmesuradamente los ojos.
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