El hombre de la máscara de hierro (Alejandro Dumas) - pág.9
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Pero habéis sufrido un disgusto, no lo neguéis.
-¿Yo? -dijo el mosquetero riéndose, -ni por asomo. El hace cuanto quiero.
Aramis miró a D´Artagnan y vio que mentía, pero Baisemeaux no miró más que al hombre, y se quedó pasmado, mudo de admiración ante aquel que conseguía del rey lo que se le antojaba.
-¿Destierra a Athos Su Majestad? -preguntó Aramis.
-No; sobre el particular el rey no ha dicho una palabra -repuso D´Artagnan; -pero tengo para mí que lo mejor que puede hacer el conde, a no ser que se empeñe en dar las gracias a Su Majestad...
-No -respondió Athos.
-Pues bien, lo mejor que, en mi concepto, puede hacer el conde -continuó D´Artagnan, -es retirarse a su castillo. Por lo demás, mi querido Athos, hablad, pedid; si preferís una residencia a otra me comprometo a dejar cumplidos vuestros deseos.
-No, gracias -contestó Athos; -lo más agradable para mí es tomar a mi soledad a la sombra de los árboles, a orillas del Loira. Si Dios es el médico supremo de los males del alma, la naturaleza es el remedio soberano. ¿Conque estoy libre, caballero? -añadió Athos volviéndose hacia el señor de Baisemeaux.
-Sí, señor conde, a lo menos así lo creo y espero -añadió el gobernador volviendo y revolviendo los dos papeles; -a no ser, sin embargo, que el señor de D´Artagnan traiga otro auto.
-No, mi buen Baisemeaux -dijo el mosquetero, -hay que atenernos al segundo y no pasar por ahí.
-¡Ah! señor conde -dijo el gobernador dirigiéndose a Athos, -no sabéis lo que-perdéis. Os hubiera puesto a treinta libras como los generales; ¡qué digo! a cincuenta, como los príncipes, y habríais cenado todas las noches como habéis cenado ahora.
-Dejad que prefiera mi medianía, caballero -replicó Athos. Y volviéndose hacia D´Artagnan, dijo: -Vámonos, amigo mío,.
-Vámonos -repuso D´Artagnan.
-¿Me cabría la inefable dicha de teneros por compañero de viaje, amigo mío? -preguntó Athos al mosquetero.
-Tan sólo hasta la puerta -respondió el gascón; -después de lo cual os diré lo que he dicho al rey, esto es, que estoy de servicio.
Y vos, mi querido Aramis -preguntó al conde sonriéndose, -me acompañáis? La Fere está en el camino de Vannes.
-No, amigo mío -respondió el prelado; -esta noche tengo una cita en París, y no puedo alejarme sin que se resientan graves intereses.
-Entonces, -dijo Athos, -dejad que os abrace y me vaya.
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