El hombre de la máscara de hierro (Alejandro Dumas) - pág.2
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-Muy bien hablado.
-Por desgracia, cuando uno encuentra a alguien en la Bastilla, no hay modo de retroceder.
-Se me ocurre una idea, Athos, -repuso el mosquetero; - hagamos por evitar la contrariedad de Aramis.
-¿De qué manera?
-Haciendo lo que yo os diga, o más bien dejando que yo me explique a mi modo. No quiero recomendaros que mintáis, pues os sería imposible.
-Entonces?...
-Yo mentiré por dos,, como gascón que soy.
Athos se sonrió.
Entretanto la carroza se detuvo al pie de la puerta del gobierno.
-¿De acuerdo? -preguntó D´Artagnan en voz queda,
Athos hizo una señal afirmativa con la cabeza, y, junto con D´Artagnan, echó escalera arriba.
-¿Por qué casualidad?... -dijo Aramis. -Eso iba yo a preguntaros,-interrumpió D´Artagnan.
-¿Acaso nos constituimos presos todos? -exclamó Aramis esforzándose en reírse.
-¡Je! eje! -exclamó el mosquetero, -la verdad es que las paredes huelen a prisión, que apesta. Señor de Baisemeaux, supongo que no habéis olvidado que el otro día me convidasteis a comer.
-¡Yo! -exclamó el gobernador.
-¡Hombre! no parece sino que os toma de sorpresa. ¿Vos no lo recordáis?
Baisemeaux, miró a Aramis, que a su vez le miró también a él, y acabó por decir con tartamuda lengua:
-Es verdad... me alegro... pero... palabra... que no... ¡Maldita sea mi memoria!
-De eso tengo yo la culpa, -exclamó D´Artagnan haciendo que se enfadaba.
-¿De qué?
-De acordarme por lo que se ve.
-No os formalicéis, capitán, -dijo Baisemeaux abalanzándose al gascón; -soy el hombre más desmemoriado del reino. Sacadme de mi palomar, y no soy bueno para nada.
-Bueno, el caso es que ahora lo recordáis, ¿no es eso? -repuso D´Artagnan con la mayor impasibilidad.
-Sí, lo recuerdo,-respondió Baisemeaux titubeando.
-Fue en palacio donde me contasteis qué sé yo que cuentos de cuentas con los señores Louvieres y Tremblay.
-Ya, ya. -Y respecto a las atenciones del señor de Herblay para con vos.
-¡Ah! -exclamó Aramis mirando de hito en hito al gobernador, -¿y vos decís que no tenéis memoria, señor Baisemeaux?
-Sí, esto es, tenéis razón, -dijo el gobernador interrumpiendo a D´Artagnan, -os pido mil perdones. Pero tened por entendido señor de D´Artagnan que, convidado o no, ahora y mañana, y siempre, sois el amo de mi casa, como también lo son el señor de Herblay y el caballero que os acompaña.
-Esto ya lo daba yo por sobreentendido, -repuso D´Artagnan; -y como esta tarde nada tengo que hacer en palacio, venía para catar vuestra comida, cuando por el camino me he encontrado con el señor conde.
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