El Conde de Montecristo (Alejandro Dumas) - pág.798
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Cuando la joven hubo salido, Noirtier hizo señas a Morrel de que tomase el diccionario.
Morrel obedeció; guiado por Valentina se había acostumbrado a comprender las señas del anciano, mas
como era preciso recorrer las letras del alfabeto y buscar palabra por palabra en el diccionario, sólo al
cabo de diez minutos pudo traducir el pensamiento de Noirtier.
-Buscad el vaso de agua y la botella que están en el cuarto de Va lentina.
Morrel tiró de la campanilla y se presentó el criado que había sustituido a Barrois, al que dio esta orden en nombre de Noirtier.
El criado volvió al instante; la botella y el vaso estaban vacíos. Noirtier hizo señal de que quería hablar.
-¿Por qué el vaso y la botella están vacíos? -preguntó-. Va lentina dijo que no había bebido más que la
mitad del vaso. -No sé -respondió el criado-, pero la camarera está en el cuarto de la señorita Valentina, y ella quizá los habrá vaciado. -Preguntadle -dijo Morrel, adivinando esta vez el pensamiento del señor Noirtier por su mirada. El criado salió y volvió en seguida.
-La señorita Valentina ha pasado por su cuarto para ir al de la señora de Villefort -dijo-, y teniendo sed bebió lo que quedaba del vaso; la botella la vació el señorito Eduardo para hacer un estanque para sus pájaros.
Noirtier levantó los ojos al cielo, como hace el jugador que aventura a un solo golpe toda su fortuna.
A partir de aquel momento, los ojos del anciano se fijaron en la puerta y no se apartaron de aquella dirección.
Eran la señora Danglars y su hija las que vio Valentina; las hicie ron pasar a la habitación de la señora de Villefort, que dijo recibiría en ella y he aquí por qué Valentina había pasado por su cuarto que comunicaba con el de Eduardo y el de la señora de Villefort.
Las dos mujeres penetraron en el salón con aquella seria frialdad que anunciaba una comunicación oficial.
Entre las personas del gran mundo, pronto se conoce y se adopta un sistema: la señora de Villefort tomó una actitud igual a la de sus visitas; Valentina se presentó en aquel momento y empezaron de nuevos los cumplidos.
-Querida amiga -dijo la baronesa, mientras las jóvenes se daban las manos-, vengo con Eugenia a anunciaros su próximo enlace con el príncipe Cavalcanti.
Danglars daba siempre a éste el título de príncipe; al banquero le parecía que sonaba mejor que el de conde.
-Permitidme, pues, que os dé mis sinceros parabienes -respondió la señora de Villefort -. El príncipe Cavalcanti parece un joven dotado de excelentes cualidades.
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