El Conde de Montecristo (Alejandro Dumas) - pág.717
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Caderousse estaba absorto. Le parecía que las palabras del joven tenían el sonido del metal y que oía
rodar los montones de luises. -¿Y tú vas a esa casa? --dijo con sencillez. -Cuando quiero. Caderousse quedóse reflexionando un buen rato. Era fácil ver que le ocupaba algún pensamiento
profundo. -Desearía ver todo eso -dijo-. ¡Cuán hermoso debe ser! -Desde luego -respondió Cavalcanti-. Es magnífico. -¿Y no vive a la entrada de los Campos Elíseos? -Número 30. -¡Ah! -dijo Caderousse-, ¿número 30? -Sí; una hermosa casa, con jardín a la entrada, tú la conoces. -Es posible, pero no me ocupo del exterior, sino del interior. ¡Qué hermosos muebles debe haber en
ella! ¿Eh? -¿Has visto las Tullerías? -No.
-Pues aún son más hermosos.
-Dime, Andrés, debe ser algo estupendo bajarse para recoger la bolsa de ese Montecristo, cuando la deje caer.
-¡Qué! No es necesario esperar ese momento -dijo Andrés-. El dinero rueda en aquella casa como las frutas en un jardín.
-Escucha. Deberías llevarme un día contigo.
-¡Es imposible! ¿Y con qué pretexto?
-Es verdad, pero has excitado mi curiosidad, y es absolutamente necesario que yo vea todo eso.
-No hagas una barbaridad, Caderousse.
-Me presentaré como un criado para encerar las habitaciones.
-Están todas alfombradas.
-¡Qué lástima! Será menester que me conforme con verlo sólo en mi imaginación.
-Es lo mejor que puedes hacer, créeme.
-Procura al menos darme una idea de cómo está aquello.
-¿Y cómo?
-Es facilísimo. ¿Es grande?
-Ni grande ni pequeño.
-Pero ¿cómo está distribuido?
-Necesitaría tintero y papel para trazar el plano.
-Ahí lo tienes -dijo prontamente Caderousse, sacando de un armario antiguo papel blanco, tinta y pluma -. Toma, trázame el plano.
Andrés tomó la pluma con una imperceptible sonrisa y empezó a explicarle:
-La casa, como lo he dicho, tiene la entrada por el jardín -y la dibujó.
-.¿Paredes altas?
-No, ocho o diez pies a lo más.
-No es prudente -dijo Caderousse.
-A la entrada, varios naranjos y flores.
-¿Y no hay trampas para los lobos?
-No.
-¿Las cuadras?
-A los dos lados de la verja que ahí ves -y Andrés continuó dibujando su plano.
-Veamos el piso bajo -dijo Caderousse.
-Un comedor, dos salones, un billar, la escalera en el vestíbulo y una escalera secreta.
-¿Y ventanas?
-Ventanas magníficas, y tan anchas que un hombre como tú podría pasar a través del espacio correspondiente a un vidrio.
-¿Y para qué sirven las escaleras con semejantes ventanas?
-Qué quieres, el lujo. Tienen puertas, pero para nada sirven.
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