El Conde de Montecristo (Alejandro Dumas) - pág.715
Indice General
|
Volver
Página 715 de 970
-¡Está bien! Pero dime, ¿por qué no sigues tú el consejo que me das? ¿Por qué no me pides un semestre,
o un año, y lo retiras a Bru selas? En vez de parecer un panadero retirado, parecerías un comerciante
arruinado en el ejercicio de sus funciones.
-¿Pero cómo quieres que me retire con mil doscientos francos?
-¡Ah! ¡Te vuelves muy exigente! Ya no lo acuerdas de que hace dos meses estabas muriéndote de hambre.
-El apetito viene comiendo -dijo Caderousse enseñándole los dientes como un mono que ríe, o como un tigre que ruge. Y partiendo con aquellos mismos dientes tan blancos y tan agudos a pesar de la edad, un enorme pedazo de pan, añadió-: Tengo un plan.
Los planes de Caderousse asustaban a Andrés mucho más todavía que sus ideas. Las ideas no eran más
que el germen. El plan era la realización.
-Veamos ese plan -dijo-. ¡Debe ser magnífico!
-¿Y por qué no? El plan por medio del cual dejamos el establecimiento del señor Chose, ¿a quién se debe, eh? ¡Me parece que a mí... ! Y no sería tan malo, cuando nos encontramos en este sitio.
-No lo niego -contestó Andrés-. Algunas veces aciertas, pero en fin, sepamos lo plan.
-Veamos -prosiguió Caderousse-, ¿eres capaz, sin desembolsar un cuarto, de hacerme obtener quince mil francos...? No, quince mil francos no son bastante, necesito treinta mil para ser hombre honrado.
-No -respondió secamente Andrés-, no puedo.
-Creo _que no me has comprendido -respondió Caderousse fríamente-. Te he dicho que sin desembolsar tú un cuarto.
-¿Quieres ahora que yo robe, para que nos perdamos y vuelvan a llevarnos allá abajo...?
-¡Oh!, a mí me importa poco -dijo Caderousse-; tengo una condición sumamente original. jamás me fastidian mis antiguos camaradas. No soy como tú, que no tienes corazón y no deseas volver a verlos.
Esta vez Andrés palideció.
-Vaya, Caderousse, no digas tonterías.
-¡Qué! No; vive tranquilo, mi buen Benedetto, pero indícame un medio para ganar estos treinta mil francos, sin mezclarte tú en nada. Déjame obrar a mí, ¡he aquí todo!
-Pues bien, lo intentaré --dijo Andrés.
-Pero, entretanto elevarás mi renta a quinientos francos, ¿no es verdad, chico? Tengo una manía, quiero tomar una criada.
-Bien. Tendrás quinientos francos, pero la carga es mucha, Ca derousse, y tú abusas...
-¡Bah! -dijo éste-, puesto que los sacas de unos cofres que no tienen fondo.
Habríase dicho que Andrés esperaba en aquel punto a su compañero. Sus ojos brillaron de pronto, pero volviendo a su calma habitual, dijo:
-Sí, es verdad, mi protector es excelente para mí.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
701
702
703
704
705
706
707
708
709
710
711
712
713
714
715
716
717
718
719
720
721
722
723
724
725
726
727
728
729
730
731
732
733
734
735
736
737
738
739
740
741
742
743
744
745
746
747
748
749
750
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-500
501-550
551-600
601-650
651-700
701-750
751-800
801-850
851-900
901-950
951-970
|