El Conde de Montecristo (Alejandro Dumas) - pág.710
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-¿Cuál? -preguntó el joven.
-La que procede de vuestra madre.
-Es verdad, la que procede de mi madre, Leonor Corsinari.
-¿Y a cuánto podrá ascender?
-Por vida mía -dijo Andrés-, os aseguro que nunca me he ocupado en averiguarlo, pero creo que serán
dos millones por lo menos.
Danglars experimentó aquella especie de sofocación causada por el placer y que sienten el avaro, que encuentra un tesoro perdido, o el hombre que está para ahogarse y halla bajo sus pies la tierra firme en lugar de la profundidad en que creía iba a sumergirse.
-Y bien, señor --dijo Andrés, saludando afectuosamente al banquero-, puedo esperar...
-Señor Andrés -respondió éste-, esperad, y creed que si no hay algún obstáculo por parte vuestra que
retarde la ejecución, es ya un negocio concluido. -¡Ah! ¡Me llenáis de alegría! -dijo Andrés. -¡Pero...! ¿Cómo es que el conde de Montecristo, vuestro padrino en este mundo parisiense, no ha
venido con vos al dar este paso? Cavalcanti se sonrojó imperceptiblemente. -Vengo de su casa -respondió-, es un hombre muy simpático, pero de una originalidad inconcebible. Ha
aprobado mi resolución, me ha dicho que no dudaba un instante que mi padre me daría el capital en vez de la renta, pero me ha dicho formalmente que no daría un paso en persona, y que no echaría sobre sí la responsabilidad de hacer una petición matrimonial, añadiéndome que si alguna vez había sentido tener esta repugnancia, era ahora que se trataba de mí y cuando creía este matrimonio conveniente en todos conceptos. Por lo demás, no quiere hacer nada oficialmente y se reserva responderos cuando le habléis.
-¡Ah!, ¡ah!, está bien.
-Ahora -repuso Andrés con una sonrisa encantadora- he concluido de hablar al suegro y me dirijo al
banquero. -¿Qué queréis de él? Veamos -dijo a su vez sonriendo Danglars. -Pasado mañana he de cobrar unos cuatro mil francos en vuestra caja, pero el conde ha conocido que el
mes que va a empezar me traerá quizá gastos para los que no es bastante mi presupuesto de soltero, y he aquí un pagaré de veinte mil francos, no diré que me ha dado, pero que me ha ofrecido. Está, como veis, firmado por él. ¿Os conviene tomarlo?
-Traedme valor de un millón como éste y todos os los tomaré -dijo Danglars metiendo en su bolsillo el pagaré-; decidme a qué hora queréis que vaya mañana mi criado a vuestra casa con veinticuatro mil francos.
-Alas diez, si queréis, lo más temprano, porque pienso ir al campo.
-Sea en buena hora. A las diez, fonda del Príncipe, ¿no es eso?
-Sí.
Al día siguiente, a las diez, los veinticuatro mil francos estaban en poder del joven, puntualidad que
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