El Conde de Montecristo (Alejandro Dumas) - pág.701
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¿Tenéis en casa?
-Sí.
-Que vayan inmediatamente a buscar aceite de terebinto y un emético.
-Id-dijo el señor de Villefort.
-Y ahora, que todos se retiren.
-¿Yo también? -preguntó tímidamente Valentina.
-Sí, señorita -dijo el doctor-, vos antes que todos.
Valentina miró con asombro al señor d´Avrigny, abrazó al señor Noirtier y salió. En seguida, el doctor cerró la puerta con un aire sombrío.
-Mirad, mirad, doctor, vuelve en sí, era un ligero ataque.
El señor d´Avrígny sonrió con tristeza.
-¿Cómo os sentís, Barrois? -preguntó al enfermo.
-Algo mejor, señor.
-¿Podréis beber este vaso de agua con éter?
-Lo intentaré, pero no me toquéis.
-¿Por qué?
-Porque me parece que si me tocáis, aun cuando sea con la punta de un dedo, me volverá a dar el accidente.
-Bebed.
Barrois tomó el vaso, lo llevó a sus labios amoratados y bebió casi la mitad.
-¿Qué es lo que os duele? -preguntó el facultativo.
-Todo el cuerpo, siento calambres espantosos.
-¿Tenéis mareos?
-Sí.
-¿Os zumban los oídos?
-Muchísimo.
-¿Cuándo os ha atacado el mal?
-Hace un momento.
-¿Así, de repente?
-Como el rayo.
-¿No habéis sentido nada ayer ni anteayer?
-Nada.
-¿Ni sueño, ni pesadez?
-No.
-¿Qué habéis comido hoy?
-Nada, únicamente he bebido un vaso de la limonada del amo.
Y Barrois hizo un movimiento con la cabeza para indicar al señor Noirtier, que inmóvil en su sillón no perdía un solo movimiento, una sola palabra, contemplando horrorizado esta terrible escena.
-¿Dónde está esta limonada? -preguntó repentinamente el doctor.
-Abajo, en una botella.
-¿Pero dónde abajo?
-En la cocina.
-¿Queréis que vaya por ella, doctor? -preguntó Villefort.
-No; permaneced aquí, y procurad que el enfermo beba el resto de este vaso de agua.
-Pero esa limonada. ..
-Yo mismo iré a buscarla.
El señor d´Avrigny se levantó, abrió la puerta, bajó precipitadamente la escalerá interior, y por poco echa a rodar a la señora de Villefort, que bajaba también a la cocina. Esta dio un grito, d´Avrigny no hizo caso, y dominado fuertemente por una idea, saltaba los escalones de cuatro en cuatro. Entró precipitadamente en la cocina y vio la botella vacía al menos en tres cuartas partes. Se lanzó sobre ella como un águila sobre su presa, volvió a subir y entró en la sala.
La señora de Villefort tomó lentamente el camino de su cuarto.
-¿Es ésta la botella que estaba aquí? -preguntó d´Avrigny.
-Sí, señor doctor.
-¿Esta limonada es la que habéis bebido?
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