El Conde de Montecristo (Alejandro Dumas) - pág.692
Indice General
|
Volver
Página 692 de 970
-¡Ah!, ya sabéis mi teoría respecto al duelo; creo habéroslo dicho en Roma, ¿no os acordáis? -Esta mañana, hace un momento, os encontré en una ocupación que está poco en consonancia con esa
teoría.
-Porque, amigo mío, vos comprenderéis que algunas veces es menester salir de sus casillas. Cuando se vive con locos, es preciso también aprender a ser insensato. De un momento a otro, algún calavera, aunque no tenga más motivo para buscar camorra que el que tenéis vos para buscársela a Beauchamp, puede venirme con cualquier necedad, enviarme sus testigos o insultarme en público. Pues bien, tengo que matar a ese calavera.
-¡Ah! Luego, ¿también vos os batiríais?
-Naturalmente.
-¡Pues bien! Entonces, ¿por qué queréis que yo no me bata?
-No digo que no os batáis, sino que un duelo es cosa muy grave y de reflexionar.
-¿Y él ha reflexionado para insultar a mi padre?
-Si no ha reflexionado, y os lo confiesa, no debéis atentar contra él.
-¡Oh!, mi querido conde, sois demasiado indulgente.
-Y vos, demasiado riguroso. Veamos, yo supongo..., escuchad con atención. Yo supongo..., ¡no os
vayáis a enojar por lo que voy a deciros! -Escucho. -Supongo que el hecho sea cierto... -Un hijo no debe nunca admitir semejantes suposiciones sobre el honor de su padre. -¡Oh, Dios mío! ¡Estamos en una época en que se admiten tantas cosas! -Ese es precisamente el defecto de la época. -¿Y pretendéis reformarla? -Sí; por lo que a mí respecta. -¡Oh! ¡Dios mío!, buen reformista haríais, amigo mío. -No lo puedo remediar. -Sois inaccesible a los consejos que os dan de buena fe. -No cuando proceden de un amigo. -¿Creéis que yo lo sea vuestro? -Sí. -¡Pues bien!, antes de enviar a Beauchamp vuestros padrinos, informaos. -¿De quién? -¡Oh.. . ! De Haydée, por ejemplo. -Mezclar en todo esto a una mujer, ¿y qué podrá hacer? -Decir que vuestro padre no tiene nada que ver con la derrota o con la muerte del suyo, o deciros la
verdad, si por casualidad vuestro padre hubiese tenido la desgracia... -Ya os he dicho, mi querido conde, que no podía admitir esa suposición. -Entonces, ¿rehusáis ese medio? -Lo rehúso. -¿Absolutamente? -Absolutamente. -Oíd, entonces, mi último consejo. -Bien, pero que sea el último. -¿No queréis oírlo? -Al contrario, os lo pido. -No enviéis a Beauchamp vuestros padrinos. -¿Cómo? -Id vos mismo a buscarle.
-Eso va contra la costumbre.
-Ese duelo nada tiene que ver con los comunes, veamos.
-¿Y por qué debo ir yo mismo?
-Porque de ese modo el asunto quedará entre vosotros dos.
-Explicaos.
-Si Beauchamp está dispuesto a retractarse, preciso es dejarle el mérito de la buena voluntad; no por eso dejará de hacer lo que le parezca.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
651
652
653
654
655
656
657
658
659
660
661
662
663
664
665
666
667
668
669
670
671
672
673
674
675
676
677
678
679
680
681
682
683
684
685
686
687
688
689
690
691
692
693
694
695
696
697
698
699
700
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-500
501-550
551-600
601-650
651-700
701-750
751-800
801-850
851-900
901-950
951-970
|