El Conde de Montecristo (Alejandro Dumas) - pág.85
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Tanta benevolencia hubiese borrado hasta las sospechas más evidentes, que Morrel no tenía por otra parte.
-Pero, en fin, señor de Villefort -le dijo-, ¿qué os parece que haga para apresurar la vuelta del pobre Dantés?
-Una sola cosa: haced una solicitud al ministro de Justicia.
-¡Oh!, caballero, ya sabemos el destino de las solicitudes; el mi nistro recibe doscientas cada día y no lee cuatro.
-Sí -respondió Villefort-, pero leería una dirigida por mi conducto, recomendada al margen por mí, y remitida directamente por mí.
-¿De modo que os encargaríais de que llegara a sus manos esa solicitud?
-Con mucho gusto. Dantés podía ser entonces culpable; pero ahora es inocente, y es mi deber el devolverle la libertad, como entonces lo fue quitársela.
Villefort evitaba así una requisitoria, aunque poco probable, posible; requisitoria que sin remedio le perdería.
-¿Cómo se escribe al ministro?
-Sentaos ahí, señor Morrel -dijo Villefort levantándose y cediéndole su asiento-. Voy a dictaros.
-¿Tendríais tanta bondad?
-Desde luego. No perdamos tiempo, que ya hemos perdido demasiado.
-Sí, caballero. Pensemos en que el pobre muchacho aguarda, sufre y quizá se desespera.
Villefort tembló al recuerdo de aquel desgraciado que le maldeciría desde el fondo de su prisión; pero había ya avanzado mucho para retroceder. Dantés debía desaparecer ante su ambición.
-Dictad -dijo el naviero sentado en la silla de Villefort y con la pluma en la mano.
Villefort dictó entonces una instancia, en la que exageraba el patriotismo de Dantés, sus servicios a la causa bonapartista, y pintándole, en fin, como uno de los agentes más activos de la vuelta de Na poleón. Era evidente que a tal solicitud el ministro haría al punto justicia, si ya no la había hecho.
Terminada la solicitud, Villefort la volvió a leer en voz alta.
-Así está bien -dijo- Ahora confiad en mí.
-¿Y partirá pronto esta solicitud, caballero?
-Hoy mismo.
-¿Recomendada por vos?
-La mejor recomendación que yo podría ponerle es certificar que es cierto cuanto decís en la solicitud.
Y sentándose a su vez, escribió Villefort al margen su certificado.
-Y ahora ¿qué hay que hacer, caballero? -le preguntó el armador.
-Esperar -repuso Villefort- yo me encargo de todo.
Esta seguridad volvió las esperanzas a Morrel; de modo que cuando dejó al sustituto le había ganado enteramente. El naviero fue en seguida a anunciar al padre de Edmundo que no tardaría en volver a ver a su hijo.
En cuanto a Villefort, guardó cuidadosamente aquella solicitud que para salvar en lo presente a Dantés le comprometía tanto en lo futuro, caso de que sucediese una cosa que ya los sucesos y el aspecto de Europa dejaban entrever: otra restauración.
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