El Caballero de la Maison Rouge (Alejandro Dumas) - pág.100
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Luego, he pasado por tu casa y no te he encontrado; entonces, he tomado esta dirección; en primer lugar porque era la mía, y también porque es la que tú sigues habitualmente. En fin, te he encontrado y aquí estás: ¡adelante, marchen!
Cantando, la victoria Nos abre la barrera.
-Querido Lorin; estoy desesperado y no siento el menor placer en esta expedición; di que no me has encontrado,
-¡Imposible! Te han visto todos nuestros hombres.
-Bien. Di que me has encontrado y no he querido unirme a vosotros.
-Imposible también. Porque esta vez no serías un tibio, sino un sospechoso. Y tú sabes lo que se hace con los sospechosos: se les lleva a la plaza de la Revolución y se les invita a saludar a la estatua de la Libertad; sólo que en vez de saludar con el sombrero lo hacen con la cabeza.
-Lorin, lo que haya de ser será. Sin duda te parecerá extraño lo que voy a decir: estoy harto de la vida...
Lorin estalló en risas.
-¡Bueno! -dijo-. Estamos de pelotera con nuestra amada y esto nos produce ideas melancólicas. ¡Vamos, bello Amadís!, volvámonos hombres y de ahí pasaremos a ciudadanos; yo, en cambio, no soy mejor patriota que cuando estoy peleado con Artemisa.
Maurice se despidió de su amigo, que quiso retenerle y le pidió que reflexionara, pero el joven se mantuvo inflexible en su postura. Entonces le dijo Lorin:
-No te he repetido todo lo que me dijo Santerre cuando le he pedido que fueras el jefe de la expedición. Me ha dicho que tuviera cuidado
contigo, porque venías muy a menudo a este barrio, el de Maison-Rouge. -¡Cómo! -exclamó Maurice-. ¿Se esconde por aquí?
-Se supone, ya que por aquí vive su supuesto cómplice, el comprador de la casa de la calle Corderie.
-¿En qué calle? -preguntó Maurice
-En la antigua calle Saint-Jacques
-¡Ah! ¡Dios mío! -murmuró Maurice-
¿Cuál es su profesión? -Maestro curtidor. -¿Y su nombre? -Dixmer. -Tienes razón, Lorin -dijo Maurice. -Y tú actúas sensatamente. ¿Estás armado? -Llevo mi sable, como siempre. -Entonces, coge dos pistolas. -¿Y tú? -Tengo mi carabina. Lorin dio las órdenes y la patrulla se puso en
marcha, precedida por un hombre vestido de gris, el cual la dirigía: un policía. De vez en cuando, una sombra se despegaba de una esquina o un portal y se acercaba al hombre vestido de gris para decirle algo: eran vigilantes.
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