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El Caballero de la Maison Rouge (Alejandro Dumas) - pág.6

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-Ya lo ves, salgo de la sección de Hermanos y Amigos.
-Sí, para ir a la de hermanas y amigas, ¿no es así?
Maurice le dijo que se equivocaba y le explicó la causa de hallarse allí. Después, Lorin escuchó las explicaciones de los voluntarios sobre la resolución del ayuntamiento y dijo:
-Bien hecho. Pero hay otra resolución que anula ésa; hela aquí:
Por el Pindo y el Parnaso,
Ha decretado el Amor,
Que la Belleza, la Juventud y la Gracia
Podrán, a cualquier hora del día,
Circular sin billete.
-¡Eh! ¿Qué dices de este acuerdo, ciudadano? Me parece que es galante.
-Sí. Pero no me parece decisivo. En primer lugar, no figura en el Moniteur; más aún, no estamos ni en el Pindo ni en el Parnaso; además, no es de día; y por último, la ciudadana tal vez no es joven, ni bella, ni graciosa.
-Yo opino todo lo contrario -dijo Lorin-. Veamos, ciudadana, demuestra que tengo razón, baja
tu toca y que todos puedan juzgar si reúnes las condiciones del decreto.
Pero la mujer se estrechó contra Maurice, suplicándole que la protegiera de su amigo como lo había hecho con sus enemigos y, al escuchar las sospechas del jefe de los voluntarios sobre su condición de espía aristócrata, bribona o ramera, se descubrió un momento el rostro para que Maurice pudiera verlo. El joven quedó deslumbrado; jamás había visto nada parecido, y pidió a Lorin, en voz baja, que reclamara a la prisionera para conducirla a su puesto. El joven cabo comprendió su intención y ordenó a la mujer que le siguiera, pero el jefe de los voluntarios se opuso, alegando que la prisionera le pertenecía.
-Ciudadanos -dijo Lorin-, nos vamos a enfadar.
-¡Enfadaos o no, voto a tal! Eso no nos importa. Somos auténticos soldados de la República que vamos a verter nuestra sangre en la frontera mientras vosotros patrulláis por las calles.
-Tened cuidado de no derramarla en el camino, ciudadanos, y eso podría ocurriros si no os conducís con más educación.
-La educación es una virtud aristocrática y nosotros somos descamisados -replicaron los voluntarios.
Lorin les aconsejó que no hablaran así ante la dama y dedicó a ésta unos versos en los que se comparaba a Inglaterra con un nido de cisnes en medio de un inmenso estanque.


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