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Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.223

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Después él cogió los libros y los arrojó al fuego. Me di cuenta de que este sacrificio que hacía en aras de su rencor le era muy penoso. Supuse que mientras los veía quemarse recordaba el placer que su lectura le había producido, y también pensé en el entusiasmo con que había empezado secretamente a estudiar. Él se había limitado a trabajar y hacer una vida vegetativa hasta que Cati se cruzó en su camino. El desdén que ella le demostraba y la esperanza de que algún día le felicitase habían sido los móviles de su afán de aprender, y he aquí que, por el contrario, ella premiaba sus esfuerzos con mofas.
-¡Mira para lo que valen a un bruto como tú! -gimio Catalina chupándose el labio lastimado y asistiendo al incendio con indignados ojos.
-Más te vale callar -repuso él furiosamente.
Y se dirigió muy agitado hacia la puerta. Me aparté para dejarle pasar, pero en el mismo umbral se
tropezó con el señor Heathcliff, que llegaba en aquel momento, y que le preguntó, poniéndole una mano en
el hombro:
.¿Qué te pasa, muchacho?
-Nada -contestó el joven.
Y se alejó para devora r a solas su pena.
Heathcliff le miró, y murmuró sin notar que yo estaba allí al lado:
-Sería extraordinario que yo me rectificase. Pero cada vez que me propongo ver en su cara el rostro de su padre veo el de ella. Me es insoportable mirarle.
Bajó la vista, y entró. Estaba pensativo. Noté en su rostro una expresion de inquietud que las otras veces no observara, y me parecio más flaco. Su nuera, al verle en trar, había huido a la cocina.
-Me alegro de que ya pueda salir de casa, señor Lockwood -dijo Heathcliff respondiendo a mi saludo-, aunque hasta cierto punto sea por egoísmo, ya que no me sería fácil encontrar otro inquilino como usted en esta soledad. No crea que no me he preguntado algunas veces cómo se le ha ocurrido venir aquí.
-Sospecho que por un capricho tonto, como es un capricho tonto el que ahora me estimula a marcharme -contesté-. Me vuelvo a Londres la semana próxima y debo avisarle que no me propongo renovar el contrato de la «Granja de los Tordos» cuando venza. No pienso volver a vivir más a llí.
-¿Se ha cansado usted de aislarse del mundo? Bueno, pero si espera usted que le condone los alquileres de los meses que faltan, pierde usted el tiempo.


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