Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.216
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Por fin una noche entró resueltamente en mi cuarto, y me dijo:
»-Avisa al señor Heathcliff de que su hijo se muere. Estoy segura de ello.
»Y se fue. Un cuarto de hora permanecí en la cama, escuchando y temblando. Pero no oí nada.
»-Debe haberse equivocado -pensé-. Linton se habrá repuesto; no hay por qué molestar a nadie.
»Y volví a dormirme. Pero el sonido de la campanilla que tenía Linton para su servicio me despertó y el amo me ordenó que fuera a decirles que no quería volver a oír aquel ruido.
»Entonces le comuniqué el recado de la señorita. Em pezó a maldecir, y luego encendió una vela y subió al cuarto de su hijo. Le seguí y vi a la señora sentada junto al lecho, con las manos cruzadas sobre las rodillas. Su suegro acercó la vela al rostro de Linton, le miró y le tocó, y dijo a la señora:
»-¿Qué te parece esto, Catalina?
»La joven guardaba silencio.
»-Digo, que qué te parece, Catalina -repitió él.
»-Me parece -contestó ella- que él se ha salvado y que yo he recuperado la libertad... Debía parecerme muy bien, pero -prosiguió con amargura - me ha dejado usted luchando sola durante tanto tiempo contra la muerte, que sólo veo muerte a mi alrededor, y hasta me parece es tar muerta yo misma. ,
»-Y así lo parecía, en realidad. Yo la hice beber un poco de vino. Hareton y José, a quienes nuestro ir y venir había despertado, entraron entonces. José me parece que se alegró de la muerte del muchacho. En cuanto a Hareton, se sentía confuso, y mas que de pensar en Linton se preocupaba de mirar a Catalina. El señor le hizo volverse a acostar. Mandó a José que llevara el cadáver a su habitacion y a mi me hizo volverme a la mía. La señora se quedó sola.
»-Por la mañana, Heathcliff me hizo llamarla para desayunar. Catalina se había desnudado y estaba a punto de acostarse. Me anunció que se sentía mal, lo que no me extrañó, y se lo indiqué al señor Heathcliff. Éste me dijo:
»-Bueno, déjala que descanse. Sube de vez en cuando a llevarle lo que necesite, y después del entierro, cuando creas que esté mejor, avísamelo.»
Zillah siguió diciéndome que Catalina había continuado encerrada en su cuarto durante quince días más.
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