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Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.215

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A no ser por Zillah, que me ha contado algo, yo no sabría nada de ellos, ni si viven o mueren. Zillah no estima a Cati y la considera muy orgullosa. Al principio, la señorita le pidió que le hiciera algunos servicios, pero el amo lo prohibió y Zillah se congratuló de ello, por pereza y por falta de juicio. Esto causó a Cati una indignación pueril, y ha incluido a Zillah en el núme ro de sus enemigos. Hace seis semanas, poco antes de llegar usted, mantuve una larga conversación con Zillah, quien me contó lo siguiente:
«Al llegar a las «Cumbres» la señora, sin saludarnos siquiera, corrió al cuarto de Linton y se encerró con él. Por la mañana, mientras Hareton y el amo estaban desayunando, ella entró en el salón temblando de pies a cabeza, y preguntó si se podía ir a buscar al médico, ya que su ma rido estaba muy malo.
»-Ya lo sé -respondió Heathcliff-, pero su vida no vale ni un penique, y ni un penique me gastaré en él.
»-Pues si no se le auxilia, se morirá, porque yo no sé qué hacer -dijo la joven.
»-¡Fuera de aquí -gritó el amo - y no me hables más de él! No nos importa nada lo que le ocurra. Si quie­res, cuídale tú, y si no enciérrale y déjale solo.
»Ella entonces acudió a mí, pero yo le contesté que el muchacho ya me había dado bastante quehacer, y que ahora era ella quien debía cuidar a su marido, según había ordenado Heathcliff.
»No puedo decir cómo se las entendieron. Me figuro que él debía pasarse gimiendo día y noche, sin dejarla des cansar, como se deducía por sus ojeras. Algunas veces aparecía en la cocina como si quisiera pedir socorro, pero yo no estaba dispuesta a desobedecer al señor. No me atrevo a contrariarle en nada,
señora Dean, y aunque bien veía que debía haberse llamado al médico, no era yo quién para tomar la
iniciativa, y no intervine en ello Para nada. Una o dos vec es, después de que nos habíamos acostado, se me ocurría ir a la escalera y veía a la señora llorando, sentada en los escalones, de modo que enseguida me vol­vía, temiendo que me pidiese ayuda. Aunque la compadecía, ya supondrá usted que no era cosa de arriesgarme a perder mi cargo.


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