Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.212
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Coge tus cosas, bruja, y vente.
Cati se fue. Yo comencé a rogar a Heathcliff que me permitiera ir a «Cumbres Borrascosas» para hacer los me nesteres de Zillah, mientras ésta se encargaba de mi puesto en la «Granja», pero él se negó rotundamente. Después de hacerme callar, examinó el cuarto. Al ver los retratos, dijo:
-Voy a llevarme a casa el de Catalina. No me hace falta para nada, pero...
Se acercó al fuego y dijo:
-Te voy a explicar lo que hice ayer. Ordené al sepulturero que cavaba la fosa de Linton que quitase la tierra que cubría el ataúd de Catalina, y lo hice abrir. Creí que no sabría separarme de allí cuando vi su cara. ¡Sigue siendo la misma! El enterrador me dijo que se alteraria si seguía expuesta al aire. Arranqué entonces una de las tablas laterales del ataúd, cubrí el hueco con tierra (no el lado del maldito Linton, que ojalá estuviera soldado con plomo, sino el otro), y he sobornado al sepulturero para que cuando me entierren a mí quite también el lado correspondiente de mi féretro. Así nos confundiremos en una sola tumba, y si Linton nos busca no sabrá distinguirnos.
-Es usted un malvado -le dije-. ¿No le da vergüenza turbar el reposo de los muertos?
-A nadie he turbado su reposo, Elena, y en cambio me he desahogado un poco yo. Me siento mucho más tranquilo , y así es más fácil que podáis contar con que no salga de mi tumba cuando me llegue la hora. ¡Turbarla! Dieciocho años lleva turbándome ella a mí, dieciocho años, hasta anoche mismo... Pero desde ayer me he tranquilizado. He soñado que dormía al lado de ella mi último qui sueño, con mi mejilla apoyada en la suya.
-¿Y qué hubiera usted soñado si ella se hubiera disuelto bajo tierra o cosa peor?
-¡Que me disolvía con ella y entonces me hubiera sentido aún más contento! ¿Te figuras que me asustan esas transformaciones? Esperaba que se hubiera descompuesto cuando mandé abrir la caja, pero me alegro de que no principie su descomposición hasta que la comparta conmigo. Luego tú no sabes lo que me sucede... Pero empezó así: yo creo en los espíritus, y estoy convencido de que existen y viven entre nosotros. Y desde que ella mu rió no hice más que invocar al suyo para que me visitase.
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