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Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.209

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Luego añadí que convenía que entrara yo primero para anunciar su llegada, y le rogué que dijese que era feliz con el joven Heathcliff. Al principio me miró con asombro, pero luego comprendió.
No pude asistir a la entrevista de ella y su padre, sino que me quedé fuera, y esperé un cuarto de hora, al
cabo del cual me atreví a entrar y acercarme al enfermo. Todo estaba tranquilo. La desesperación de Cati era tan silenciosa como el placer que su padre experimentaba. Con los ojos extasiados contemplaba el semblante de su hija.
Murió sintiéndose feliz, señor Lockwood... Besó a Cati en las mejillas, y dijo:
-Me voy a su lado, y tú, querida hija, vendrás después con nosotros.
Y no dijo una palabra más. Su mirada continuaba extática y fija. El pulso le fue faltando gradualmente, hasta que su alma le abandonó. Murió tan apaciblemente, que ninguno nos percatamos del momento exacto en que ello había sucedido.
Catalina estuvo sentada allí hasta que salió el sol. Sus ojos se hallaban secos, quiza porque ya no le quedaran lágrimas en ellos, o quizá por la intensidad de su dolor. A mediodía continuaba lo mismo, y me costó trabajo lograr que fuese a reposar un rato. A esa hora apareció el procurador, que ya había pasado primero por «Cumbres Borrascosas» para recibir instrucciones. El señor Heathcliff le había comprado, y
por ello se retrasó en venir a casa de mi amo. Felizmente éste no se había vuelto a preocupar de nada desde la llegada de su hija.
El señor Green se apresuró a dictar órdenes inmedia tas. Despidió a todos los criados excepto a mí, y hasta hubiera dispuesto que a Eduardo Linton se le enterrara en el panteón familiar, a no haberme opuesto yo ateniéndome al testamento. Este, por fortuna, estaba allí y hubo que cumplir sus disposiciones.
El sepelio se apresuró cuanto fue posible. A Catalina, que era ya la señora lleafficliff, le consintieron estar en la «Granja» hasta que sacaron el cuerpo de su padre. Según ella me contó, su dolor había, por fin, inducido a Linton a ponerla en libertad. Oyó a Heathcliff discutir en la puerta con los hombres que yo había enviado, y entendió lo que él les decía. Entonces se desesperó de tal modo que Lin ton, que estaba en la salita en aquel momento, se aterro rizó, cogió la llave antes de que su padre volviera, abrió, dejó la puerta sin cerrar, bajó y pidió que le dejaran dormir con Hareton.


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