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Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.199

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La joven se precipitó sobre él y casi logró arrancársela. Heathcliff, reaccionando, aferró la llave.
-Sepárese de mí, Catalina Linton -ordenó- o la tiro al suelo de un puñetazo por mucho que ello conturbe a la señora Dean.
Pero ella, sin atenderle, volvió a agarrarse a la llave.
-¡Nos iremos! -exclamó. Y viendo que con las ma nos y las uñas no lograba hacer abrir la mano cerrada de Heathcliff, le clavó los dientes. Heathcliff me lanzó una mirada que me paralizó momentáneamente. Cati, atenta a sus dedos, no le veía la cara. Entonces abrió la mano y soltó la llave, pero a la vez cogió a, Cati por los cabellos, la derribó de rodillas y le golpeó violentamente la cabeza. Aquella diabólica brutalidad me puso fuera de mí. Le grité:
-¡Malvado, malvado!
Pero un golpe en pleno pecho me hizo enmudecer. Como soy gruesa, me fatigo enseguida, y entre la rabia que me dominaba y una cosa y otra, sentí que el vértigo me ahogaba como si se me hubiera roto una vena. Todo concluyó en dos minutos. Cati, al quedar suelta, se llevó las manos a las sienes cual si creyese que ya no tenía la cabeza en su sitio. Temblando como una caña, la pobrecita fue a apoyarse en la mesa.
-Ya ves -dijo el malvado agachándose para coger la llave que había caído al suelo- que sé castigar a los niños traviesos. Ahora vete con Linton y llora cuanto se te antoje. Dentro de poco seré tu padre, y tu único padre además, y cosas como las de hoy te las encontrarás con frecuencia, puesto que no eres débil y estás en condiciones de aguantar lo que sea... ¡Como vuelva ese mal genio a subírsete a la cabeza te daré todos los días una ración como la de hoy!
Cati corrió hacia mí, inclinó su cabeza sobre mi regazo y empezó a llorar. Su primo permanecía silencioso en un rincón, contento, al parecer, de que la tormenta hubiera descargado sobre una cabeza distinta a la suya. Heathcliff se levantó y preparó el té. El servicio ya estaba dispuesto. Vertió la bebida en las tazas.
-Fuera tristezas -me dijo, ofreciéndome una taza y sirve a esos niños traviesos. No tengas miedo: no está envenenada. Me voy a buscar vuestros caballos.
En cuanto se fue, comenzamos a buscar una salida.


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