Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.190
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Cati me ha hecho muy feliz, Elena. He pasado dichosamente al lado suyo las veladas de invierno y los días de verano. Pero no he sido menos
feliz cuando erraba entre aquellas lápi das, al lado de la vieja iglesia, en las tardes de junio en que me
sentaba junto a la tumba de su madre y pensaba en la hora en que había de ir a reunirme con ella... Y ahora, ¿que me cabe hacer en bien de Cati? Que Linton sea hijo de Heathcliff y se la lleve no me importaría nada, si ello pudiera consolarla de mi falta. ¡Ni siquiera me importa que Heathcliff se considere triunfante! Pero si Linton es un instrumento de su padre, no puedo abandonarla en sus manos. Mucho me duele hacer sufrir a Catalina, pero es preferible. ¡Preferiría llevarla yo mismo a la tumba!
-Si usted faltase, lo que Dios no permita -contesté-, yo seguiré siendo la amiga y la consejera de Cati. Pero ella es una buena muchacha, y no se empeñará en seguir el mal camino.
Entraba la primavera, mas mi amo no se reponía. A veces paseaba por el parque con su hija, quien lo consideraba como una señal de que su padre estaba mejor. Y pensaba que curaría al ver encendidas su mejillas.
El día en que Cati cumplía diecisiete años, el señor no fue al cementerio. Llovía. Yo le dije:
-¿No irá usted esta tarde, verdad?
-Este año iré más adelante -respondió.
Volvió a escribir a Linton indicándole que deseaba verle, y segura estoy de que si el aspecto del chico no hubiera sido calamitoso, hubiera ido. Contestó, sin duda aconsejado por Heathcliff, diciendo que éste no estaba de acuerdo con que visitase la «Granja» pero que podía encontrar a su tío alguna vez que éste saliese de paseo, ya que deseaba verle. Añadía que le rogaba que no se obstinase en separarle de Catalina.
«No pretendo -decía con sencilla elocuencia- que Cati me visite aquí, pero le suplico que la acompañe usted alguna vez paseando hacia «Cumbres Borrascosas» y que nos permita hablar un poco en su presencia. No hemos hecho nada que justifique esta separación, y usted mismo lo sabe. Querido tío, mándeme una nota mañana diciéndome en qué sitio que no sea la «Granja de los Tordos» quiere que nos encontremos. Espero que usted se convenza de que no tengo el carácter de mi padre.
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