Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.184
Indice General
|
Volver
Página 184 de 249
Él no quiso, pero accedió a que jugásemos a la pelota. En un armario lleno de juguetes viejos, encontramos dos. Una tenía marcada una C y otra una H, y yo quería la C, porque significaba Catalina, pero él no quiso la otra porque se le salía el embutido por las costuras. Le gané siempre, se puso de mal humor y volvió a sentarse. Le canté dos o
tres canciones de las que tú me has enseñado, y recobró el buen humor. Al irme me rogó que volviese al día siguiente, y se lo prometí. Monté en Minny y regresamos veloces como el viento. Pasé la noche soñando en «Cumbres Borrascosas» y en mi primo.
»Al día siguiente me encontré algo triste, tanto porque estabas enferma, como porque me hubiese agradado que papá tuviera noticia de mis paseos y consintiera en ellos. Pero la tristeza se disipó en cuanto estuve a caballo.
» «Esta noche me sentiré feliz también -pensaba yo - y Linton, mi hermoso Linton, también.»
»Mientras subía trotando por el jardín de las «Cumbres», salió a mi encuentro aquel Earnshaw, cogió las bridas y acarició el cuello de Minny, diciéndome que era un bonito animal.
Dijérase que esperaba que le hablase. Yo le dije que tuviera cuidado con que la jaca no le diese una coz.Él contestó, con su tosco acento habitual, que no le haría mucho daño aunque le cocease, y echó una oleada a sus patas, sonriendo. Fue a abrir la puerta y mientras lo hacía, me dijo, señalando a la inscripción y con una estúpida muestra de contento:
»-Señorita Catalina: ya sé leer aquello.
»-¡Qué extraordinario! -dije-. Ya veo que se va cultivando usted. ¿Y las cifras? -le pregunté, al ver que se paraba.
»El deletreó las sílabas de la inscripción: «Hareton Earnshaw».
»-Eso no lo he aprendido todavía -respondio.
-¡Qué torpe! -dije riendo.
»El muy necio me miró con asombro, como si no supiese si reírse también. No sabía distinguir si se trataba de una muestra de amistad o de una burla, pero yo le saqué de dudas aconsejándole que se fuera, ya
que iba a buscar a Linton, y no a él. A la luz de la luna pude verle ruborizarse. Se separó de la puerta y desapareció. Era una verdadera imagen del orgullo ofendido. Sin duda se figuraba que se había elevado a la altura de Linton por aprender a dele trear su nombre, y quedó estupefacto al ver que yo no lo estimaba así.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
151
152
153
154
155
156
157
158
159
160
161
162
163
164
165
166
167
168
169
170
171
172
173
174
175
176
177
178
179
180
181
182
183
184
185
186
187
188
189
190
191
192
193
194
195
196
197
198
199
200
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-249
|