Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.165
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Linton rió de nuevo y miró despreciativamente a Hareton, que no pareció ofenderse por ello.
-¿Verdad que todo es cuestión de pereza, Hareton? -dijo-. Mi prima se imagina que eres un idiota. Entérate de a lo que conduce despreciar los libracos, como tú dices. ¿Has oído cómo pronuncia, Cati?
-¿«Pa» qué diablos necesito tener buena «pronuncia»? -respondió Hareton. Y siguió hablando a su mane-ra, con gran regocijo de mi señorita.
-¿Y «pa» qué diablos necesitas mencionar al diablo en esa frase? -dijo Linton haciéndole burla -. Papá te ha ordenado hablar correctamente, y no dices dos palabras sin cometer una incorrección. Procura portarte como un caballero.
-Si no tuvieras más de chica que de chico, te largaba un puñetazo -contestó el otro, marchándose con el rostro encendido, ya que comprendía que le habían afrentado y no acertaba a reaccionar de otra manera.
Heathcliff, que lo había oído todo tan bien como yo, sonrió, mas enseguida miró con animosidad a la pareja, que se había quedado hablando en el portal. El muchacho se animaba al referir anécdotas relativas a Hareton. En cuanto a ella, celebraba sus comentarios, sin reparar en que denotaban un espíritu perverso.
Con todo ello, yo empecé a aborrecer a Linton y me sentí inclinada a justifi car el desprecio que sentía su padre hacia él.
Estuvimos hasta la tarde. El señor no salió de su habitación, y esta feliz circunstancia impidió que notara nues tra larga ausencia. Mientras volvíamos intenté explicar a la joven quiénes eran aquellos con los que habíamos estado, pero a ella se le antojaba que mi prevención era in justa.
-Ya veo que le das la razón a papá -me dijo-. No eres justa. La prueba es que me has tenido engañada to-dos estos años asegurándome que Linton vivía lejos de aquí. Estoy muy incomodada, mas como por otro lado me siento muy satisfecha, no te digo nada. Pero no hables mal de mi tío. Ten en cuenta que es mi pariente. Voy a re ñir a papá por no tratarse con él.
Hube de renunciar a mi intento de disuadirla de su equivocación. No habló de la visita aquella noche, porque no vio al señor Linton. Pero al día siguiente lo soltó todo, y aunque por un lado esto me disgustaba, me complacía por otro pensar que el señor acertaría a aconsejarla mejor que yo.
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