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Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.161

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Está estos días de mejor aspecto. No será difícil conseguir que la muchacha no hable nada de la visita... ¿Qué mal hay?
-Hay el mal de que su padre me odiaría si supiese que la he dejado entrar en casa de usted. Además, estoy segura de que usted lleva algún mal fin -repliqué.
-Mi fin es honradísimo -dijo- y te lo voy a declarar. Quiero que los dos primos se enamoren y se casen. Ya ves que soy generoso con tu amo. La chica no tiene otras perspectivas. Si ella se casara con Linton, la designaría como coheredera.
-Lo sería de todos modos si Linton muriese -repuse-, y ya sabe usted que la salud del chico es muy precaria.
-No lo sería -replicó- porque ninguna cláusula del testamento lo menciona, y yo sería el heredero. Pero para evitar pleitos, quiero que se casen.
-Y yo no quiero que ella entre en esa casa conmigo- respondí.
Catalina había alcanzado ya la verja. Heathcliff me aconsejó que me tranquilizase y nos precedió por el sendero. La s eñorita le miraba como pretendiendo darse cuenta de qué clase de hombre era, pero él la correspondía con sonrisas y al hablarle suavizaba su voz. Llegué a imaginar que la memoria de la madre le hacía simpatizar con la joven. Encontramos a Linton junto al fuego. Venía de pasear por el campo, tenía aún puesta la gorra y en aquel momento estaba pidiendo a José calzado seco. Le faltaban pocos meses para cumplir los dieciséis años y estaba muy crecido para su edad. Seguía teniendo bellas las facciones, y en sus ojos y su piel se notaban los saludables efectos del aire y el sol que acababa de tomar durante su paseo.
-¿Le conoce? -preguntó Heathcliff a Cati.
-¿Es su hijo? --dijo ella, mirando, dudosa, a los dos.
-Sí, pero, ¿cree que es la primera vez que le ve? Haga memoria. Linton, ¿no te acuerdas de tu prima?
-¿Linton? -exclamó Catalina agradablemente sorprendida-. ¿Es éste el pequeño Linton? ¡Pero si está más alto que yo!
Él se dirigió a ella, se besaron y ambos se miraron asombrados del cambio que habían experimentado los dos. Cati estaba ya completamente desarrollada. Era a la vez llena y esbelta, flexible como el junco y rebosaba de animación y salud. En cuanto a Linton, tenía lánguidos los ademanes y las miradas y era muy endeble de complexión, pero la gracia de sus maneras compensaba aquellos defectos.


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