Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.159
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Ella me contestó que había ido con su padre a caballo dos o tres veces, y que siempre había vuelto rendido para varios días. La criada a que me refiero se marchó dos años después de llegar el chiquillo.
En la «Granja» el tiempo transcurría plácidamente. Llegó el momento en que la señorita Cati cumplió los dieciséis años. No celebrábamos nunca el día de su cumpleaños porque era también el aniversario de la muerte de su madre. Su padre pasaba aquellos días en la biblioteca, y al oscurecer se iba al cementerio de Gimmerton, donde se quedaba a veces hasta medianoche. Catalina tenía que divertirse ella sola. Aquel año, el 20 de marzo hizo un tiempo excelente, y después de que su padre hubo salido, la señorita bajó vestida y,me dijo. que había pedido permi so al señor para que pasearamos juntas por el borde de los pantanos, con tal de que no tardáramos en volver más de una hora.
-¡Anda, Elena! -me dijo-. Quiero ir allí, ¿ves? Por donde suelen ir las cercetas. Quiero ver si han hecho ya sus nidos.
-Esto debe estar lejos -respondí- porque no suelen anidar junto a los pantanos.
-No, no está lejos -me aseguró -. He ido con papá hasta las cercanías.
Cogí el sombrero y salimos. Cati corría ante mí, yendo y viniendo como un perrillo juguetón.
Al principio lo pasé bien. Cantaban las alondras, y mi niña mimada estaba encantadora, con sus dorados
bucles colgando hacia atrás, y sus mejillas, tan puras y encendidas como una rosa silvestre. Era un ángel
entonces. Verdaderamente, era imposible no desear proporcionarle todas las alegrías que fuera posible.
-Pero, señorita -dije, después de un buen rato-, ¿dónde están las cercetas? Estamos lejos ya de casa.
-Es un poco más allá, sólo un poco -repetía invaria blemente-. Ahora sube esa colina, bordea esa orilla, y
verás qué pronto hago que los pájaros echen a volar.
Mas tantas colinas había que subir y tantas orillas que bordear, que al fin me cansé y le grité que era necesario volverse ya. Pero no me oyó, porque se había adelantado mucho, y la tuve que seguir contra mi deseo. Empezó a descender una hondonada. En aquel momento estábamos más cerca de «Cumbres Borrascosas» que de casa. De pronto vi que la habían abordado dos personas, y en una de ellas reconocí al propio Heathcliff.
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