Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.156
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No vamos a hacerte nada, eres el retrato de tu ma dre. ¿Qué hay mío en ti, pollito?
Le quitó el sombrero y le echó hacia atrás los rizos. Le palpó brazos y manos. Linton dejó de llorar y contempló a su vez al hombre con sus grandes ojos azules.
-¿Me conoces? -preguntó Heathcliff, después de cerciorarse de la fragilidad de los miembros de su hijo.
-No -dijo Linton, con temor.
-¿Ni te han hablado de mí?
-No.
-¿No, eh? Tu madre debía haberse avergonzado de no despertar tu cariño hacia mí. Bueno, pues entérate,
eres mi hijo, y tu madre fue una malvada bribona al no explicarte qué clase de padre tienes. ¡Vamos, te
ruborizas! Algo es convencerse de que no tienes blanca la sangre también. Ahora a ser buen chico. Elena, siéntate si estás cansada, y vuélvete a tu casa, si no. Ya supongo que contarás en la «Granja» todo lo que estás viendo y oyendo. Y el chico no se hará al ambiente mientras no se quede con nosotros solo.
-Espero, señor Heathcliff -contesté- que se portará bien con el niño, porque de lo contrario no le tendrá mucho tiempo a su lado. Piense que es el único familiar que le queda.
-Seré buenísimo con él, no tengas miedo--repuso-. Ahora que nadie más lo será. Procuraré acaparar su afecto. Y para empezar mis bondades, ¡José, trae algo de desayunar al niño! Hareton, becerro infernal, vete a trabajar. -Y cuando ambos se fueron, agregó-: Sí, Elena, mi hijo es el futuro propietario de tu casa, y no quiero que muera hasta estar seguro de que yo seré su heredero. Además, es hijo mío, y quiero ver a mi descendiente dueño exclusivo de los bienes de los Linton y a éstos o a sus descendientes cultivando las tierras de sus padres a las órdenes de mi hijo. Es lo único que me interesa de este chico. Le odio por lo que me evoca, y le desprecio por lo que es. Pero lo que te he dicho basta para que le cuide y le atienda tanto
como tu amo pueda atender y cuidar a su hija. He preparado para él una habitación lindamente amueblada, y he encargado a un maestro que venga, desde una distancia de veinte millas, a darle lección tres veces a la semana. A Hareton le he mandado que le obedezca, y, en fin, he hecho todo lo necesario para que Linton se sienta superior a los demás de la casa.
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