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Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.152

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Si podemos tenerle con nosotros, la presencia de una niña de su misma edad le infundira animos, y si desea adquirir fuerzas, lo conseguira.
«Eso será, en efecto, si podemos tenerle con nosotros», me dije bastante preocupada. Y me imaginé lo que sería de aquel muchacho entre su padre y Hareton. Pero nuestras dudas se resolvieron pronto. Había yo llevado a los niños a sus habitaciones y dejado dormido ya a Lin ton, y estaba en el vestíbulo encendiendo una vela para la alcoba del señor, cuando apareció una criada y me manifestó que José, el criado de Heathcliff, deseaba hablar con el amo.
-¡Qué horas tan intempestivas, y más sabiendo que el señor regresa de un largo viaje! --dije-. Voy a hablar yo primero con él.
José, entretanto, había cruzado ya la cocina y entraba en el vestíbulo. Iba vestido con el traje de los días de fiesta, tenía en su rostro la más agria de sus expresiones, y mientras sostenía en una mano el sombrero y en la otra el bastón, se limpiaba las botas en la alfombrilla.
-Buenas noches, José -le dije-. ¿Qué te trae por aquí?
-Con quien tengo que hablar es con el señor Linton -repuso.
-El señor Linton se está acostando ya, y a no ser que tengas que decirle algo muy urgente, no podrá recibirte... Vale más que te sientes y me digas lo que sea.
-¿Cuál es el cuarto del señor? -contestó él mirando todas las puertas cerradas.
Viendo su insistencia, subí a la habitación de mala gana y anuncié al señor la presencia del importuno visitante, aconsejándole que le mandara volver al otro día. Pero José me había seguido, entró, se plantó apoyado en su bastón, y empezó a hablar en voz fuerte, como quien se prepara a discutir:
-Heathcliff me envía a buscar a su hijo y no me ire sin él.
Eduardo permaneció silencioso un momento. Una expresión de pena se pintó en su rostro. Se dolía del niño y recordaba las angustiosas recomendaciones de Isabel para que le tomase a su cargo. Pero por más que buscó, no encontró pretexto alguno para una negativa. Cualquier intento de su parte hubiera dado más derechos al recla mante. Tenía, pues, que ceder. No obstante, no quiso despertar al niño.
-Diga al señor Heathcllff -respondió con serenidad-que su hijo irá mañana a «Cumbres Borrascosas».


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