Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.151
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aspecto enfermizo que éste no tenía. Eduardo, al ver que yo miraba a su sobrino, me mandó cerrar la portezuela, para que el niño no se enfriase. Cati quería verle, pero su padre se obstinó en que le acompañara, y los dos subieron por el parque, mientras yo me adelantaba para prevenir a la servidumbre.
-Querida -dijo el señor-; tu primo no está tan fuerte como tú, y hace poco que ha perdido a su madre. Así que por ahora no podrá jugar mucho contigo. Tampoco le hables demasiado. Déjale que duerma esta noche, ¿quieres?
-Sí, sí papá -respondió Catalina-, pero quiero ver le, y él no ha sacado la cabeza siquiera.
El coche se paró, despertó el muchacho y su tío le cogió y le bajó a tierra.
-Mira a tu prima, Linton -le dijo, haciéndoles darse la inano-Te quiere mucho, así que procura no
disgustarla llorando, ¿eh? Ponte alegre, el viaje se ha acabado, y no tienes que hacer más que pasarlo bien y divertirte.
-Entonces déjeme irme a acostar --contestó el niño soltando la mano de Cati y llevándosela a los ojos donde asomaban algunas lágrimas.
-Ea, hay que ser un niño bueno -murmure yo, mientras lo conducía adentro-. Va usted a hacer que llore su primita. Mire qué triste se ha puesto viéndole llorar.
Sería por él o no, pero su prima había puesto efectivamente una expresión muy triste también. Subieron los tres a la biblioteca y allí se sirvió el té. Yo quité a Linton el abrigo y la gorra. Le senté en una silla, pero en cuanto estuvo sentado empezó a llorar otra vez. El señor le pre guntó qué le pasaba.
-Estoy mal en esta silla -repuso el muchacho.
-Pues siéntate en el sofá y Elena te llevará allí el té -repuso pacientemente el señor.
Yo comprendí que su buen carácter había sido puesto a prueba durante el viaje. Linton se dirigió al sofá. Cati se sentó a su lado en un taburete, sosteniendo la taza en la mano. Al principio guardó silencio, pero luego empezó a hacer caricias a su primito, a besarle en las mejillas y a ofrecerle té en un plato como si fuera un bebé. A él le agradó aquello y en su rostro se dibujó una sonrisa de complacencia.
-Esto le con vendrá --dijo el amo -.
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