Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.149
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Cuando Hareton juraba, José no le reprendía. Dijérase que le agradaba verle seguir el mal camino. Creía que su alma estaba condenada, pero el pensar que Heathcliff tendría que responder de ello ante el tribunal divino le consolaba. Había infundido al joven el orgullo de su nombre y de su alcurnia. Y le hubiera gustado despertar en él un vivo odio hacia Heathcliff, pero se lo impedía el temor que sentía hacia éste, por lo cual se limitaba a dirigirle vagas amenazas proferidas entre gruñidos. No es que yo crea estar bien informada de cómo se vivía entonces en «Cumbres Borrascosas», ya que hablo de oídas. Los colonos aseguraban que el señor Heathcliff era más cruel y duro para sus arrendatarios que todos los amo s anteriores, pero la casa ahora, administrada por una mu jer, tenía mejor aspecto, y las orgías de los tiempos
de Hindley habían dejado de celebrarse. El nuevo amo era harto sombrío para gustar de compañía alguna, ni buena ni mala, y Heathcliff seguido siendo igual hasta la fecha.
En fin, con todo esto no adelanto nada en mi historia. La señorita Cati rechazó el regalo del cachorro y pidió sus perros. Ambos aparecieron renqueando, y las dos, muy mohínas, nos volvimos a casa. No pude obtener de la joven otra explicación de sus andanzas sino que se había dirigido a la peña de Penninston, como yo supuse, y que al pasar junto a «Cumbres Borrascosas» había sido atacado su caniño cortejo por los
perros de Hareton. El combate duró bastante, hasta que sus amos respectivos lograron imponerse. Así entablaron los primos conocimiento. Cati dijo a Hareton adónde iba y él le sirvió de gula, mostrándole todos los secretos de la «Cueva Encantada». Mas como yo había caído en desgracia, no tuve la fortuna de saber lo que Cati hubiera visto en aquellos prodigiosos lugares. Pero sí noté que su improvisado guía había sido su favorito hasta el instante en que ella le ofendió llamándole criado, cuando la criada de Heathcliff le comunicó que era primo suyo. El lenguaje que Earnshaw había usado para con ella la tenía hondamente disgustada. Ella, que en la «Granja» era siempre «cariño», «amor mío», «ángel» y «reina», había sido injuriada por un extraño... No podía comprenderlo, y me costó mucho arrancarle la promesa de que no se lo contaría a su padre. Le dije que éste tenía mucha aversión hacia los habitantes de «Cumbres Borrascosas» y
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