Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.147
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-Vamos --dije-, no me haga esperar más. Dentro de diez minutos será ya de noche. ¿Y la jaca? ¿Y Fénix? La advierto que si no se apresura me marcho y la dejo a usted aquí. ¡Vamos! -La jaca está en el patio -respondió- y Fénix encerrado. Le han mordido a él y a Carlitos. Me proponía decírtelo, pero no te contaré nada por haberte enfadado.
Me dispuse a ponerle el sombrero, pero ella, viendo que los demás adoptaban su partido, empezó a correr de un sitio a otro, escondiéndose detrás de los muebles. Todos se reían de mí, hasta que me hicieron gritar, ya enfurecida:
-¡Si usted supiera a quién pertenece esta casa, señorita Cati, no volvería a poner los pies en ella!
-¿Es de tu padre, verdad? -preguntó ella a Ha reton.
-No -replicó él, sonrojándose y apartando la vista.
No se atrevía a mirarla frente a frente. Y por cierto que ambos tenían idénticos los ojos.
-¿Entonces de su amo? -insistió ella.
Él se ruborizo mas aun, profirió un juramento, en voz baja y se apartó.
-¿Quién es el amo de la casa?, -preguntó la muchacha dirigiéndose a mí -. Este joven me ha hablado de un
modo que me hizo creer que era el hijo del propietario. No me ha llamado señorita. Y, si es un criado, debiera haberlo hecho. Hareton se puso sombrío al oír aquella observación. Yo logré que ella se resolviese al fin a
acompanarme.
-Tráigame el caballo -dijo la joven, hablando a su pariente como lo hubiera hecho a un mozo de cuadra---. Puede usted acompañarme. Quiero ver aparecer el fantasma del pantano, y las hadas de que me ha hablado usted, pero apresúrese. ¡Vamos; tráigame el caballo!
-Primero te veré condenada que ser tu criado -respondió él.
-¿Cómo? -exclamó Cati sorprendida.
-Condenada he dicho, bruja.
-Vea con qué buena compañía ha venido usted a encontrarse, señorita Cati -interrumpí yo-. Ea, no dispu-
te con él. Cojamos a Minny nosotras mismas, y vayamonos.
-¿Cómo se atreve a hablarme así, Elena? -preguntó ella, saltándosele las lágrimas.
Y agregó:
-¿Cómo no hace lo que le digo? ¡Malvado! Contaré a papá lo que me ha dicho.
Hareton se preocupó muy poco de la amenaza. Cati se volvió a la mujer.
-Tráigame la jaca -dijo- y suelte a mi perro.
-No hay que tener tantos humos, señorita -repuso la criada---.
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