Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.146
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-¿Viene usted a buscar a la señorita? -dijo-. Está aquí y no le ha pasado nada. Pero me alegro de que el amo no haya venido.
-¿Así que no está en casa? --dije, casi sin poder res pirar por la fatiga de la carrera y por la inquietud que sentía un momento antes.
-Él y José están fuera -repuso- y volverán dentro de una hora poco más o menos. Pase y descansará usted un poco.
Entré y vi a mi ovejita descarriada sentada junto al hogar en una sillita que había pertenecido a su madre cuando era niña. Había colgado su sombrero en la pared y al parecer estaba a sus anchas. Reía y hablaba animadamente a Hareton -que era entonces un arrogante mozo de die ciocho años-y él la miraba sin comprender casi nada de aquel chorro de palabras con que le abrumaba.
-Está bien, señorita -exclamé, disimulando mi satis facción bajo una máscara de enfado-. Éste habrá sido el último paseo que dé hasta que vuelva su papá. No volveré a dejarla salir de casa sola. Es usted una niña muy traviesa.
-¡Ay, Elena! -gritó ella alegremente, corriendo hacia mí -. ¡Qué bonita historia tengo para contar esta noche! ¿Cómo me has encontrado? ¿Has estado aquí alguna vez antes de ahora?
-Póngase el sombrero y vayámonos enseguida dije-, estoy muy indignada con usted. No, no haga pucheritos, que con eso no me quita usted el susto que me ha dado. ¡Cuando pienso en cuánto me encargó
el señor Linton que no saliera usted de casa, y cómo se me ha es capado usted! No nos fiaremos de usted nunca más. -¿Pues qué he hecho? -repuso ella, reprimiendo un sollozo-. Papá no me encargó nada de lo que dices. Él
no se enfada nunca como tú. -¡Venga, venga! --exclamé-. ¡Qué vergüenza! ¡Con trece años que tiene ya y hacer estas chiquilladas! Le dije esto, porque ella se había vuelto a quitar el sombrero y se había escapado fuera de mi alcance. -No riña a la nena, señora Dean --dijo la criada-. Fuimos nosotros los que la entretuvimos. Ella quería ha
ber seguido su camino por no causarle preocupación. Hareton se ofreció a acompañarla, y a mí me pareció bien, porque el camino es muy malo y difícil. Mientras, Hareton estaba en pie, con las manos en los bolsillos, y no parecía muy satisfecho de mi aparición.
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