Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.142
Indice General
|
Volver
Página 142 de 249
No hay cosa en el mundo sobre la que tenga usted menos derechos que sobre este pequeño.
-¿Lo ha dicho Linton? -me interrogó.
-Sí; me ha ordenado que me lo lleve -repuse.
-Bueno -respondió el villano-. No quiero discusiones sobre el asunto. Pero me siento inclinado a ver qué maña me doy para educar a un niño-Así que si os lleváis a ése, haré venir conmigo al mío. Díselo a tu amo.
Así nos dejó imposibilitados de obrar. Repetí sus palabras a Eduardo Linton, y éste, que por su parte no sentía gran interés en ello, no volvió a hablar del tema para nada. Ahora, el antiguo huésped de «Cumbres Borrascosas». se, había convertido en el dueño de ella. Tomó posesión definitiva, probando legalmente que la finca estaba hipotecada, ya que Hindley había ido estableciendo hipotecas sucesivas sobre toda la propiedad. El acreedor era el propio Heathcliff. Y por eso Hareton, que debía ser el hombre más acomodado de la región, está sometido ahora al enemigo de su padre, y vive como un criado en su propia casa, y para colmo no recibe salario alguno, e incapaz de volver por sus fueros, ya que desconoce el atropello de que ha sido víctima.
CAPÍTULO XVIII
Los doce años posteriores a aquella dolorosa época -prosiguió diciendo la señora Dean- fueron los más dichosos de toda mi vida. Mis únicas preocupaciones consistían en las pequeñas enfermedades que sufría la niña, como todo niño sufre, sea rico o pobre. A los seis meses empezó a crecer como un árbol y andaba y hasta hablaba a su manera antes de que las plantas floreciesen dos veces sobre la tumba de la señora Linton. Era el más hechicero ser que haya alegrado jamás una casa desolada. Tenía los negros ojos de Earnshaw, y la blanca piel y los rubios cabellos de los Linton. Su carácter era altivo, pero no brusco y su corazón
sensible y afectuoso en extremo. No se parecía a su madre. Era dulce y suave como una paloma. Tenía la voz suave y la expresión pensativa. Jamás se enfurecía por nada. Empero, es preciso confesar que contaba entre sus cualidades algunos defectos. Ante todo, su tendencia a mostrarse insolente y la torcida manera de ser que todo niño mimado, sea bueno o malo, demuestra. Si alguno la contrariaba, salía siempre con lo mismo: «Se lo diré a papá.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
101
102
103
104
105
106
107
108
109
110
111
112
113
114
115
116
117
118
119
120
121
122
123
124
125
126
127
128
129
130
131
132
133
134
135
136
137
138
139
140
141
142
143
144
145
146
147
148
149
150
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-249
|