Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.141
Indice General
|
Volver
Página 141 de 249
Cuando le hablé de aquéllo y le pedí que me acompañase me contestó que valdría más dejar en paz a Heathcliff, y que la situación de Hareton era poco mas o menos la de un pordiosero.
-El padre ha muerto cargado de deudas -me explicó-. Toda la herencia está hipotecada, y lo mejor para Hareton sera que procure ganarse- el cariño del acreedor de su padre.
Al llegar a las «Cumbres» encontré a José muy afectado, y me expresó su satisfacción por mi llegada. El señor Heathcliff dijo que mi presencia no era precisa, pero que podía ordenar lo necesario para el sepelio.
-En realidad, ese perturbado debía ser enterrado sin ceremonia alguna al borde de un camino --dijo-. Ayer le dejé sólo diez minutos por casualidad, y en el intervalo me cerró la puerta y se pasó la noche bebiendo hasta que se mató. Esta mañana, al oír que resoplaba como un caballo, tuvimos que saltar la cerradura. Estaba tendido sobre el banco, y no hubiera despertado aunque le desollásemos. Mandé a buscar a Kenneth, pero antes de que viniera la bestia ya se había convertido en carroña. Estaba muerto, rígido y helado, y no se podía hacer nada por él.
El viejo criado confirmó el relato y agregó:
-Habría valido más que hubiera ido él a buscar el mé dico. Yo habría atendido al amo mejor. Cuando me fui no había muerto aún.
Insistí en que el entierro debía ser solemne. Heathcliff me autorizó a organizarlo como quisiera, aunque recordándome que tuviera en cuenta que el dinero que se gastara había de salir de su bolsillo. Se mostraba indife rente y rígido. Podía apreciarse en él algo como la satisfacción de quien ha terminado un trabajo con
éxito. Hasta, en un momento dado, creí notar en él un principio de exaltación. Fue cuando sacaban el féretro de la casa. Acompañó al duelo. ¡Hasta ese punto extremó su hipocresía! Le vi sentar a Hareton a la mesa, y le oí murmurar como complacido:
-¡Vaya, chiquito: ya eres mío! Si la rama crece tan torcida como el tronco, con el mismo viento la derribaremos.
El niño pareció alegrarse de aquellas palabras, agarró las patillas de Heathcliff y le dio palmaditas en la cara. Pero yo comprendí bien lo que Heathcliff quería decir, y advertí:
-Este niño debe venir conmigo a la «Granja de los Tordos».
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
101
102
103
104
105
106
107
108
109
110
111
112
113
114
115
116
117
118
119
120
121
122
123
124
125
126
127
128
129
130
131
132
133
134
135
136
137
138
139
140
141
142
143
144
145
146
147
148
149
150
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-249
|