Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.140
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Éste esperó, y el otro había desesperado. Cada cual eligio su propia suerte y recibió la justa recompeiisa de sus respectivas actitudes. En fin, señor Lockwood: no creo que usted necesite para nada mis deducciones morales, que usted sabrá sacar por cuenta propia.
Earnshaw concluyó como era de suponer. A los seis meses de morir su herma na, falleció él. En la «Granja» supimos muy poco de su estado. Fue el señor Kenneth quien nos lo advirtió.
-Elena -dijo una mañana temprano, entrando en el patio a caballo-: ¿quién crees que ha muerto?
-¿Quién? -exclamé, temblando.
-Adivina -contestó-, y coge la punta de tu delantal: te va a ser necesario.
-De cierto no se trata del señor Heathcliff -repuse.
-¿Ibas a llorar por él? No, Heathcliff está robusto y fuerte, en apariencia al menos. Le he visto ahora mismo. Por cierto que ha engordado mucho desde que perdió a su amiga.
-¿Pues quién, señor Kenneth? -dije, impaciente.
-¡Hindley Earnshaw! Tu viejo amigo y malvado compañero mío, Hindley. No se ha portado bien conmi
go últimamente, pero... Ya te dije que llorarías. ¡Pobre muchacho! Murió, según era de esperar, borracho como una cuba. Lo he sentido. Siempre se lamenta la falta de un camarada... ¡Aunque me haya hecho muchas más perrerías de las que puedas imaginarte! Y el caso es que sólo tenía tu edad: veintisiete años. ¡Cualquiera lo diría!
Tal golpe me impresionó más que la muerte de Catalí na. Viejos recuerdos se agolpaban a mi corazón. Me senté en el dintel de la puerta, dije al señor Kenneth que buscase otro criado que le anunciase, y rompí a llorar. Me preocupaba mucho pensar si Hindley habría fallecido de muerte natural o no, y a tanto llegó mi inquietud sobre ello, que pedí permiso al amo para ir a «Cumbres Borrascosas». El señor Linton no quería, pero yo le hice comprender que mi hermano de leche tenía tanto derecho como el propio señor a mis atenciones póstumas, y que Hareton era sobrino de su esposa, por lo cual él debía instituirse en tutor suyo a falta de más cercanos parientes, examinar la herencia y ver como andaban los asuntos de su difunto cuñado.
Al cabo me encargo que viese a su ab ogado y me dio permiso para ir a «Cumbres Borrascosas». El abogado lo había sido también de Earnshaw.
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