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Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.137

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»Hindley pidió agua, y al dársela le pregunté cómo se encontraba.
»-No tan mal como yo quisiera -repuso-. Pero, aparte del brazo , me duele todo el cuerpo como si hubiese luchado con una hueste de diablos.
»-No me asombra -contesté-. Catalina solía decir que ella mediaba entre usted y Heathcliff para impedir cualquier daño físico. Afortunadamente, los muertos no se levantan de sus tumbas, pues, si no, ella hubiese asistido ayer a una escena que la hubiese repugnado bastante. ¿No se siente usted molido como si le hubieran magulla do las carnes?
»-¿Qué quiere usted decir? -intervino Hindley-. ¿Es posible que ese hombre me golpeara cuando yo yacía sin sentido?
»-Le pateó, le pisoteó y le golpeó contra el suelo -respondí---. Por su gusto le hubiera desgarrado con sus propios dientes. Sólo es hombre en apariencia. En los demás, es un demonio.
»Los dos miramos el rostro de nuestro enemig o. Pero él, absorto en su dolor, no reparaba en nada. En su cara se pintaba el siniestro sesgo de sus pensamientos.
»-¡Iría con gusto al infierno con tal de que Dios me diese fuerzas para estrangularle antes de morir! -gimió Earnshaw, intentando levantarse y volviendo a desplomarse enseguida, desesperado al comprender su impotencia para atacarle.
»-Basta con que haya matado a uno de ustedes -comenté yo en voz alta-. Todos en la «Granja» saben que su hermana viviría aún a no ser por Heathcliff. En fin de cuentas, su odio vale más que su amor. Cuando me acuerdo de lo felices que éramos Catalina y todos antes de que él apareciera, siento deseos de maldecir aquel día.
»Probablemente Heathcliff reconoció cuán verdadero era lo que yo decía, sin reparar en el hecho de que
fuera yo quien lo aseverara. Un raudal de lágrimas cayó de sus ojos, y después suspiró ruidosamente. Yo le miré y me eché a reír desdeñosamente. Sus ojos, esos ojos que parecen ventanas del infierno, se dirigieron un momento hacia mí, pero estaba tan decaído que temí volver a reírme.
»-Quítate de delante -me dijo, o más bien creí entenderle, puesto que sólo hablaba de modo inarticulado.
»-Perdona -repliqué-, pero yo quería a Catalina, y ahora que ya no vive, debo ocuparme de su hermano... Hindley tiene sus mismos ojos, que tú has amoratado a golpes, y...
»-¡Levántate, imbécil, si no quieres que te mate de un puntapié! -gritó él, iniciando un movimiento.


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