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Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.133

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Luego acercó su silla a la mesa, y me miró como si quisiera hallar en mis ojos un reflejo del ardiente odio que llameaba en los suyos. Claro está que como él en aquel momento tenía la expresión y los sentimientos de un asesino, no pudo hallar completa correspondencia en mi mirada, pero aun así encontró en ella lo suficiente para animarle.
»-Usted y yo -expuso- tenemos cuentas que arreglar con el hombre que está ahí fuera. Si no fuésemos co­bardes, podríamos ponernos de acuerdo para la venganza. ¿Es usted tan mansa como su hermano y está dispuesta a sufrir eternamente sin intentar desquitarse?
»-Estoy harta de soportarle -repliqué-, pero emplear la traición y la violencia es exponerse a emplear un arma de dos filos con la que puede herirse el mismo que las maneja.
»-¡La traición y la violencia son los medios que ha de utilizarse con quien emplea violencia y traición! -gritó Hindley-. Señora Heathcliff: no necesito de usted sino de que no intervenga ni grite. ¿Se siente capaz de hacerlo? Creo que debiera usted experimentar tanto placer como yo en asistir a la muerte de esedemonio. Él acarreará, de lo contrario, la muerte de usted y la ruina mía. ¡Maldito sea! ¡Está llamando a la puerta como si fuera el amo! Prométame estar callada, y antes de que dé la una aquel reloj -y sólo faltan tres minutos- habrá quedado usted libre de ese hombre.
»Hablando de este modo, sacó el instrumento que te he descrito otra vez, Elena, y se dispuso a apagar la vela, pero yo se lo impedí.
»-No callaré -le dije-. No le toque. ¡Deje la puerta cerrada, pero no le haga nada!
»-¡Estoy resuelto y cumpliré lo que me propongo!-exclamó Hindley-. Haré justicia a Hareton y un favor a usted misma, aunque no quiera. Y ni siquiera tiene usted que preocuparse de salvarme. Catalina ya no vive, y nadie tiene por qué avergonzarse de mí. Ha llegado el momento de acabar.
»Tan fácil como con él me hubiera sido luchar con un oso o razonar con un perturbado. Sólo me quedaba una solución. Correr a la ventana y avisar a la presunta víctima.
»-Mejor sera que no insistas en entrar -le avisé desde la ventana-. Si lo haces, el señor Earnshaw está dis­puesto a dispararte un tiro.
»-Más te valdría abrirme la puerta -replicó Heathcliff, añadiendo algunas «galantes» expresiones que más vale no repetir.


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