Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.132
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José y Hareton son detestables hasta el punto de que la horrible charla de
Hindley me resultaba mejor que estar con ellos.
»Cuando Heathcliff está en casa -continuó diciendo Isabel- muchas veces tengo que reunirme con los dos en la cocina, para no morirme de hambre y para no tener que vagar a solas por las lóbregas y solitarias habitaciones. En cambio, ahora que no estaba, pude permanecer tranquila mente sentada ante una mesa al lado del hogar, sin ocuparme del señor Earnshaw, que a su vez no se preocupa de mí. Ahora está más tranquilo que antes, aunque más huraño aun, y no se enfurece si no se le provoca. José asegura que Dios le
ha tocado en el corazón y que se ha salvado como por la prueba del fuego. Pero, en fin, eso no me importa. Anoche estuve en mi rincón leyendo hasta cerca de las doce. Me asustaba subir, y fuera se sentía caer la nieve a torbellinos. Yo pensaba en el cementerio y en la fosa re cién abierta. Tan pronto como separaba los ojos del libro, la escena acudia a mi imaginación. En cuanto a Hindley, estaba sentado delante de mi, y acaso pensara en lo mismo. Cuando estuvo suficientemente embriagado, dejó de beber, y permaneció dos o tres horas sin despegar los labios. En la casa no se oía otro rumor que el del viento batiendo en las ventanas, el chirrido de la lumbre y el chasquido que yo hacía a veces al despabilar la vela. Hareton y José debían estar durmiendo. Yo me sentía muy triste, y de cuando en cuando suspiraba profundamente. De pronto, en medio del silencio, se sintió el ruido del picaporte de la cocina. Sin duda la tempestad había hecho regresar
a Heathcliff más pronto de lo habitual. Pero como aquella puerta estaba cerrada con llave, hubo de desistir, y le oímos dar la vuelta para entrar por la otra. Me levanté, casi sin poder sofocar la exclamación que acudía a mis labios, lo que hizo que, mi compañero se volviera y me mirara.
»-Si no tiene usted nada que objetar -me dijo- haré esperar a Heathcliff cinco minutos.
-Por mí puede usted hacerle esperar toda la noche repuse-. ¡Ea, eche la llave y corra el cerrojo!
»Earnshaw lo hizo así antes de que el otro llegase a la puerta principal.
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