Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > Cumbres Borrascosas (Emily Bronte)

Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.127

Indice General | Volver

Página 127 de 249


Se notaba en él
una silenciosa lucha interna.
-¿Cómo ha muerto? -volvió a preguntar.
Noté que pese a toda su audacia insolente, se sentía más tranquilo teniendo a alguien a su lado. Un
profundo temblor recorría todo su cuerpo.
«¡Desdichado! -pensé-. Tienes corazon y nervios como cualquier otro. ¿Por qué ese empeño en ocultarlos? ¡Tu soberbia no engañará a Dios! Le estás tentando a que te atormente y te humille hasta hacerte estallar.
-Murió como un cordero -repuse.
Suspiró, hizo un movimiento como un niño al despertar y cayó aletargado. A los cinco minutos, sentí que su corazón palpitaba fuerte... Y luego, nada...
-¿Habló de mí? -preguntó él, vacilante, como si temiera oír los detalles que me pedía.
-Desde que usted se separó de ella, no volvió en sí ni reconoció a nadie. Sus ideas eran confusas y había retrocedido en sus pensamientos a los años de su infancia. Su vida ha concluido en un sueño dulce. ¡Así despierte de la misma manera en el otro mundo!
-¡Así despierte entre mil tormentos! -gritó él con espantosa vehemencia, pateando y vociferando en un brusco acceso de furor-. Ha sido falsa hasta el fin. ¿Dónde estás? En la vida imperecedera del cielo, no. ¿Dónde estás? Me has dicho que no te importan mis sufrimientos. Pero yo no repetiré más que una plegaria: «¡Catalina! ¡Haga Dios que no reposes mientras yo viva!» Si es cierto que yo te maté, persígueme. Se asegura que la víctima persigue a su asesino. Hazlo, pues, sigueme, hasta que me enloquezcas. Pero no me dejes solo en este abismo. ¡No puedo vivir sin mi vida! ¡No puedo vivir sin mi alma!
Apoyó la cabeza contra el árbol y cerró los ojos. No parecía un hombre sino una fiera acosada cuyas
carnes desgarran las armas de los cazadores. En el tronco del árbol distinguí varias manchas de sangre y sus manos y frente estaban manchadas también. Escenas idénticas a aquélla debían haber sucedido durante la noche. Más que compasión, sentí miedo, pero me era penoso dejarle en aquel estado. Él fue quien, al darse cuenta de que yo seguía allí, me exhortó a que me fuera, lo que hice enseguida, puesto que no podía cons olarle ni devolverle la tranquilidad. Hasta el siguiente viernes -día en que había de celebrarse el funeral- Catalina permaneció en su ataúd, en el salón, que estaba cubierto de plantas y flores.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-249  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados