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Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.116

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Escucha un momento. O te persuado a que me procures una entrevista con Catalina, o te obligo a ello. E inmediatamente. No me propongo causar daño alguno. Ni siquiera molestar a Linton. Sólo quiero que ella misma me diga cómo se encuentra y preguntarle si puedo hacer algo en su favor. Anoche pasé seis horas rondando el jardín de la «Granja» y hoy volveré, y siempre, hasta que logre entrar. Si me encuentro con Eduardo, no titubearé en golpearle hasta dejarle incapacitado de impedirme la entrada. Y si sus criados acuden, ya me desembarazaré de ellos con estas pistolas. ¿Verdad que valdrá más que no me sea necesario chocar con ellos o con tu señor? Y a ti te es tan fácil. Yo te diría cuándo me propongo ir, tú podrías facilitarme la entrada, vigilar y después verme
marchar sin que tuvieses nada de que reprocharte.
Yo me negué a desempeñar tan bajo papel y le repetí su intención de volver a destruir la tranquilidad de la señora Linton.
-Cualquier cosa le causa un trastorno enorme -le aseguré -. Está hecha un verdadero manojo de nervios. No resistirá la sorpresa: estoy segura de que no... ¡Y no insista, señor, porque tendré que avisar de ello a mi amo y él tomará disposiciones para impedir lo que se propone usted!
-Y yo a mi vez tomaré disposiciones para asegurarme de ti -dijo Heathcliff-. No saldrás de «Cumbres Borras cosas» hasta mañana por la mañana. ¿Qué es eso de que Catalina no podrá resistir la sorpresa de volver a verme? Además, no me propongo sorprenderla. Tú la puedes preparar y preguntarle si me permite ir. Me has dicho que no le hablan de mí ni menciona nunca mi nombre... ¡Cómo lo va a hacer si está prohibido pronunciarlo en vuestra casa! Se imagina qué todos vosotros sois espías de su marido. Tengo la evidencia de que estáis haciéndole la vida imposible. Sólo en el hecho de que le calle, percibo una prueba de lo que siente. ¡Vaya una demostración de sosiego que es el que suele sentir angustias y preocupaciones! ¿Cómo dia blos dejaría de sentirse trastornada viviendo en ese horrible aislamiento? Y, luego, ese despreciable ser que la cuida «porque es su deber ... » «¡Su deber!» Antes germinaría en un tiesto una semilla de roble que él logre restablecer a su esposa con ese género de cuidados.


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