Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.108
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El viejo rufián se mostró muy enojado por mis escrúpulos, y me aseguró con insistencia que el chico valía tanto como yo y que estaba sano. El chiquillo continuaba sorbiendo y babeando y me miraba con acritud.
»-Me voy a cenar a otro sitio -dije-. ¿No hay aquí algo parecido a un salón?
»-¡Salón! -se mofó José-. No, no hay salón. Si nuestra compañía no le conviene, tiene la de los amos, y si no le gusta la de los amos, la nuestra.
»-Me voy arriba -repuse-. Enséñeme una habita cion.
»Coloqué mi tazón en una bandeja y me fui a buscar más leche yo misma. El hombre se levanto a regañadientes y me acompañó al piso superior. Llegamos al desván y me fue mostrando sus distintas divisiones.
»-Aquí hay un cuarto que no está mal para comer en él una sopa -dijo-. En ese rincón hay un montón de trigo limpio. De todos modos, ponga encima el pañuelo si quiere preservar su elegante vestido.
»Aquel cuarto era una buhardilla oliente a cebada y a trigo, y contra las paredes se apilaban sacos de cereal.
»-¡Vaya! -dije molesta-. No voy a dormir aquí. Muéstreme una alcoba.
»-¡Una alcoba! Ahora le enseñaré todas las que hay. Aquélla es la mía.
»Y me mostró otro camarachón sólo distinto del primero porque había en él una cama baja y grande, sin
cortinas y con una colcha de color.
»-Su alcoba no me interesa -dije-. Enséñeme la alcoba del señor Heathcliff.
»-Haberlo dicho antes -replicó, como si le hubiese hablado de algo extraordinario-. Ya le hubiera contestado que no perdiera el tiempo, puesto que es seguro que allí no le dejará entrar. Este hombre no permite el paso a nadie.
»-¡Bonita casa y magníficos habitantes! -repuse-. Ya veo que la quinta esencia de la locura humana invadió mi alma el día que me casé con ese hombre. En fin, ¡no importa!, otras habitaciones habrá. ¡Dese prisa y muéstreme algún sitio donde poder instalarme!
»Bajó sin contestar y me llevó a una habitación que, por las trazas, debía ser la mejor. Había una buena
alfombra, aunque cubierta de polvo, una chimenea con una orla de papel pintado que se caía a pedazos, una excelente cama de encina con cortinas carmesí modernas y costosas... Pero todo tenía el aspecto de haber sido maltrata dísimo.
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