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Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.107

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»Yo sabía por ti, Elena, que tu amo está al borde de la locura. Lo estaba, por lo menos, la noche pasada. Tal mie do me producía su proximidad, que hasta la aspereza de José me parecía agradable en comparación.
»Él volvió a sus silenciosos paseos, y yo entonces empuñé el picaporte y corrí a la cocina. José atendía la lumbre, sobre la que había colgada una olla, y tenía a su lado un cuenco de madera con sopa de avena. El contenido de la olla principiaba a hervir, y él dio media vuelta con el fin de hundir las manos en el cazo. Suponiendo que todo aquello estaría destinado a la cena, resolví cocinar algo que resultara comestible, ya
que me sentía con apetito, y exclamé:
»-Voy a preparar la sopa.
»Le quité la vasija y comence a despojarme de la ropa de montar.
»-El señor Earnshaw agregué- me ha dicho que debo cuidarme yo misma. No voy a andar aquí con remil­gos, porque temo que me moriría de hambre.
»-¡Dios mío! -profirió-. ¡Si ahora que he conseguido acostumbrarme a los dos amos, voy a tener que empezar a soportar otras órdenes y a tener que obedecer a una señora, será cosa de marcharse! Creía que no tendría que marcharme nunca de esta casa, pero no habrá más remedio que hacerlo.
»Me apliqué a la tarea prescindiendo de sus lamentaciones, y no pude por menos que suspirar al recordar las épocas en que tal trabajo hubiera sido un entretenimiento para mí. El recuerdo de las aventuras perdidas me angustiaba, y a más angustia, más vivamente agitaba el batidor, y más deprisa caían en el agua los puñados de harina. José contemplaba furioso cómo cocinaba yo.
»-¡Qué barbaridad! -comentaba-. Te quedas sin sopa esta noche. Hareton. ¡Otra vez! En su lugar, yo echaría cazo y todo. Vamos, eche usted de una vez toda esa porquería, y así concluirá antes. ¡Sí, hombre, sí! ¡Plaf! Me asombra que no se haya torcido el fondo del cacharro.
»El preparado que vertí en los tazones era, lo confieso, mucho menos que mediano. Había en la mesa
cuatro tazones y un jarro de leche. Hareton lo cogió, se lo aplicó a los labios y comenzó a beber dejando caer parte por las comisuras de la boca. Yo le reprendí y le dije que la leche se bebía en vasos, y que yo no la tomaría después de lle varse él el jarro a la boca.


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