Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.104
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»Debe ser el sobrino de Eduardo -pensé- y, por tanto, es pariente mío hasta cierto punto. Así que debo darle la mano y besarle. Procuremos establecer desde el principio relaciones amistosas en esta casa.
»Me acerqué a él, y tratando de cogerle la mano, le dije:
,¿Cómo estás, queridito?
»El me replicó con unas palabras ininteligibles.
»-¿Seremos amigos, Hareton? -agregué.
»Me respondió con un juramento y añadió la amenaza de lanzar a Tragón contra mí si no me marchaba.
»-¡Arriba, Tragón! -gritó el desventurado, azuzando a un perro que había en un rincón. Y añadió, mirándome-: ¿Qué? ¿Te marchas?
»El instinto de conservación me llevó a complacerle.
»Salí y esperé que llegaran los demás. Pero Heathcliff no aparecía por lado alguno, y José, a quien le pedí que me acompañase a mi cuarto, contestó:
»-¡Cha, cha, cha ... ! ¿Ha oído nunca un cristiano hablar de esta manera? ¡Qué chachareo! ¡Cualquiera la entiende!
»-¡Digo que me acompañe a la casa! -grité, creyendo que sería sordo, y bastante enojada de su grosería.
»-¡Quiá! Tengo cosas más importantes que hacer. »Y siguió ocupándose en sus menesteres, moviendo las mandíbulas y mirando despreciativamente mi vestido y mi rostro. Creo que tanto como el primero tenía de bonito debía tener el segundo de apenado.
»Di la vuelta al patio y llegué a otra puerta, a la que llamé, esperando que acudiese algún criado más servicial.
Al poco rato, abrióse la puerta y apareció un hombre alto y delgado. No llevaba corbata y tenía un aspecto terrible de abandono. Una maraña de cabellos que caían hasta sus hombros desfiguraba su semblante. Sus ojos parecían una reproducción de los de Catalina.
»-¿Qué quiere? -me preguntó-. ¿Quién es usted?
»-Mi nombre de soltera era Isabel Linton -repu se-. Ya me conoce usted. Me he casado hace poco con el señor Heathcliff, que es quien me ha traído aquí, supongo que con el consentimiento de usted.
»-¿De manera que él ha vuelto? -preguntó el solita rio, con un repentino fulgor en su mirada de lobo hambriento.
»-Sí -dije-, pero me dejó a la puerta de la cocina, y cuando quise entrar, su hijo me ahuyentó azuzando un perro contra mí.
»-¡Veo que el maldito miserable ha cumplido su palabra! -rezongó el hombre mirando tras de mí como si buscase a Heathcliff.
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