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Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.103

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Dile que experimento el mayor afecto hacia él y hacia Catalina y que yo no puedo hacer lo que hace mi alma (estas palabras están subrayadas en la carta), aunque creo que tampoco nadie en esa casa tiene por qué esperarme. Pero que Eduardo no piense que es por olv ido o por falta de cariño. Que se figure lo que le parezca más justo.
»El resto de esta carta va dirigido a ti. Contéstame, ante todo, a dos preguntas.
»La primera es ésta: ¿Cómo te las arreglabas para lle varte bien con todos cuando vivías aquí? Porque yo no encuentro el modo de entenderme con los que me ro dean.
»La segunda pregunta me interesa mucho: dime, Heathcliff, ¿es un ser humano? Y si lo es, ¿está loco?
¿O es un demonio? No hace falta que te explique los motivos de estas preguntas. Explícame tú, si puedes, cuando vengas a verme, qué clase de ser es éste con el que me he casado. No me escribas, pero cuando vengas procura que Eduardo te dé algún recado para mí.
»Te voy a relatar la acogida que me han hecho en la «Cumbres», mi nueva casa, al parecer. Te lo cuento por entretenerme, no para quejarme de tales o cuales faltas de comodidad. ¡Si yo fuera lo único que hubiera de malo y lo demás no existiera, creo que me pondría a bailar de ju bilo!
»Al terminar de cruzar los pantanos, ya se ponía el sol debían ser sobre las seis. Heathcliff perdió media hora en inspeccionar el parque y los jardines, con lo cual era ya de noche cuando nos apeamos en el patio enlosado de la quinta. Vuestro antiguo criado, José, salió a recibirnos de un modo que habla muy alto de su
cortesía. Lo primero que hizo fue levantar hasta la altura de mi rostro la bujía que llevaba en la mano,
esbozar un guiño maligno, sacar hacia delante el labio inferior y volver la espalda. Después se hizo cargo de los caballos, los llevó a la cuadra, y reapareció al fin para cerrar la puerta exterior, como si viviéra mos en un castillo antiguo.
»Heathcliff habló un rato con él, y yo entretanto entré en la cocina, que es una especie de sucia cueva que probablemente no conocerías si volvieras a verla, pues ha cambiado mucho. Cerca del fuego estaba un niño robusto, con aspecto de pilluelo, algo parecido a Catalina en los ojos y la boca.


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