Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > Cumbres Borrascosas (Emily Bronte)

Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.102

Indice General | Volver

Página 102 de 249


La primavera del año pasado, Catalina, yo temblaba de impaciencia de tenerte conmigo bajo este techo. Ahora, en cambio, quisiera verte en aquellas colinas. El aire es allí tan puro, que sin duda te curaría.
El señor me mandó que encendiera la chimenea del salón hacía tanto tiempo abandonado, y que colocara
en él su sillón junto a la ventana. Catalina pasó un largo rato en esta habitación y se reanimó con el calor y con la vista de los objetos que le rodeaban, los cuales, aunque le eran familiares, diferían de los que veía a diario y que asociaba con sus delirios. No pudiendo al oscurecer convencerlade volver a su cuarto, al que se negó a ir de nuevo, le arreglé un lecho en el sofá, en tanto que disponíamo s otro aposento. Este cuarto donde está ahora usted fue el que arreglamos. Poco después, Catalina ya estaba lo suficientemente aliviada para andar por la casa apoyándose en el brazo de Eduardo. Yo estaba persuadida de que se curaría. De ello dependería también que el señor encontrase un nuevo consuelo en sus tribulaciones, ya que todos es ­perábamos el próximo nacimiento de un hijo.
Isabel, seis semanas después de su fuga, envio a su hermano una nota participándole su matrimonio con Heathcliff. Era una carta muy seca, pero llevaba una posdata a lápiz que dejaba entrever el remoto deseo de una reconciliación agregando que no había estado en su voluntad evitar lo sucedido, y que ahora ya no tenía remedio. Linton no contestó, según se me figura, y quince días después yo recibí una larga carta, increíble en una recién casada que debía estar aún en plena luna de miel. Voy a leérsela porque la conservo. Todo recuerdo de un difunto es precioso, si se le sigue estimando como cuando vivía.
«Querida Elena: Al llegar anoche a «Cumbres Borras cosas», me informo por primera vez de que Catalina
ha estado y está todavía muy enferma. No creo oportuno escribirle. Me parece que mi hermano está muy disgustado conmigo, puesto que no me escribe. Como, no obstante, siento la necesidad de dirigirme a alguien, te escribo a ti.
»Dile a Eduardo que desearía, con todo mi corazón volverle a ver, que mi alma volvió a la «Granja de los Tordos» a las veinticuatro horas de haber salido de ella, y que en ella está en este momento.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-249  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados