Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.95
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Recuerdo que desp ués de que ellos riñeron yo me fui al salón, que Eduardo estuvo muy cruel y muy provocativo y que vine a este cuarto desesperada. En cuanto eché el cerrojo se me oscureció la cabeza y caí al suelo. No pude advertir a Eduardo que estaba segura de sufrir un arrebato de lo cura si seguía desesperándome, porque perdí el uso de la lengua y del pensamiento. No sentía más impulso que el de huir de él. Antes de que pudiese recobrarme, empezó a oscurecer, y te diré lo que pensé y lo que he seguido imaginándome, hasta el punto de hacermetemer perder el sentido. Mientras estaba tendida al pie de la mesa, dis tinguiendo confusamente el marco gris de la ventana, me figuraba estar en mi lecho de tablas de «Cumbres Borras cosas» y mi corazón sentía un dolor agudo. Traté de comprender lo que me sucedía, pensé y me pareció como si los siete últimos años de mi vida no hubieran existido. Yo era todavía una niña, papá acababa de morir y el disgusto que sentía era por la orden de Hindley de que me separase de Heathcliff. Me encontraba sola por primera vez, y al despertar tras una noche de llanto, alcé la mano para separar las tablas del lecho. Tropecé con la mesa, pasé la mano por la alfombra y entonces recuperé la memoria. Y aquella angustia se anuló ante un frenesí de mayor desesperación... No comprendo por qué me sentía tan desdichada... Pero imagínate que a los doce años de edad me hubieran sacado de «Cumbres Borrascosas» y me hubleras traído a la «Granja de los Tordos» para ser mujer de Eduardo Linton, y tendrás una idea del hondo abismo en que me sentí lanzada... Menea cuanto quieras la cabeza, que no por ello dejarás de tener parte de culpa. Si hubieras hablado a Eduardo como debías habrías conseguido que me dejara tranquila. ¡Me estoy abrasando! Quisie estar al aire libre, ser una niña fuerte y salvaje, reírme de las injurias en lugar de enloquecer cuando se me dirigen. En cuanto digo unas cuantas palabras, me bulle tumultuosamente toda la sangre. ¡Y yo volvería a ser la de siempre si me hallase de nuevo entre los matorrales y los pantanos! Abre otra vez la ventana de par en par y déjala abierta. ¿Qué haces? ¿Por qué no me atiendes?
-Porque no quiero matarla de frío -contesté.
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